Belofilms: one shot, one person

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Gabriel Verdugo, 36 años, cineasta autodidacta. Su amor por el arte, su increíble empuje y la falta de oportunidades lo llevaron a realizar Elulu, una película de animación, completamente solo. Fueron 8 años de arduo trabajo. Dice que fue un sacrificio humanamente irrecuperable, aunque ya está en paz con eso.

“Esta es la primera entrevista en Chile siendo que mi largometraje es la octava película de animación en la historia de nuestro país, y Elulu se estrenó hace varios años”.

¿Cómo fue que te interesaste por la animación y por el cine? 

Fue como un escape, el refugio de las artes como un imposible de alcanzar. Mi colegio era mediocre, entonces me puse una meta imposible y entretenida. Quería surgir por medios propios, porque en el arte, en teoría, uno puede surgir por medios propios. Tienes que hacerlo para poder seguir avanzando y ahí encontrar tus formas y tu propia expresión a través del arte. Si uno logra la destreza en la técnica y comunica algo profundamente humano, eso va a resonar en un otro.

Recuerdo que ví la solapa del libro de Harry Potter, donde decía “J. K. Rowling lo escribió en un bar” o algo así, y dije – bueno, eso es algo que yo puedo hacer -. Hacer algo desde la carencia o algo que se pueda empezar en un bar. Quería inventar mi propio camino.

Eso lo ves en retrospectiva, pero ¿qué pensabas antes?

Ahora entiendo que eso era. Cuando era chico fue mi refugio, fue algo distinto, algo que me gustaba y donde podía ser yo mismo. 

En el colegio, de 1ero a 7mo, mi fin era ser el mejor en términos académicos, pero de ahí se me fueron todos los compañeros a los que les hacía competencia intelectual.  Me quedé solo, y ser el primero en algo a lo que no le pones esfuerzo no tiene ningún brillo, no entrega satisfacción. El arte era algo más difícil, algo imposible si venías de Maipú/Estación Central, y también más entretenido.

Mi mamá es profesora de Artes Plásticas, nunca ejerció, pero tiene la sensibilidad. Mi hermano es ilustrador y cuando chicos vivíamos en la misma pieza. Yo siempre digo que nunca tuve que aprender a usar Photoshop, porque solo viendo a mi hermano aprendí por ósmosis. Mi abuelita era pintora al óleo también.

Yo quería cambiarme en media, pero mis papás me dijeron que no. Yo quería competir intelectualmente, pero no se podía y me aburrí. Entonces fantaseé y soñé historias.

Tu roce con el arte era genético, ¿cómo eran esas relaciones?

Me acuerdo que una vez mi mamá estaba ordenando y encontró un dibujo que yo le había hecho en tercero básico, un cómic de seis paneles que contaban una historia. Era sobre un pez sierra, atrapaban al pez sierra y finalmente el pez sierra cortaba a alguien en dos. La forma en la que estaba contada, aquello que estaba dentro y fuera del plano, es una opción que yo podría tomar ahora con todo lo que he aprendido en términos de relato.

Tuve muchas influencias familiares. Íbamos de vacaciones a Constitución y había un kiosco que vendía cómics del Pato Donald y algunos de Ricky Ricón, esos no los vendían acá en Santiago. Comprábamos uno o dos y me quedaban para todo el año. Estaba todo el año viendo la misma historia. Aprendí mirando todo y a todos. 

¿Cómo fueron tus primeros acercamientos al mundo audiovisual y a la animación?

Me acuerdo que cuando era chico venía llegando a la casa, entré suavemente y me quedé mirando el pilar, me quedé observando como media hora. Descubrí el dolly, el travelling in y el travelling out y dije – esto es cine – fue una tontera, pero me marcó. 

Mi acercamiento con la animación es a través del movimiento, a través de la cinematografía, no a través del dibujo como es lo típico. 

Siempre he visto a la animación como parte del cine. Mi sueño de chico era hacer una película, no una película de animación. Llegué a la animación porque era algo donde no tenía que pedirle nada a nadie, podía hacerlo yo y era el último refugio en el que todo iba a depender de mi.

Mi primer cortometraje fue en el colegio para un ramo de inglés, le saqué el jugo a mi grupo. Nos juntamos por un mes, todos los fines de semana, no fue un corto, fue un mediometraje.

¿Qué sucedió después del colegio y las primeras incursiones en el audiovisual?

Después del colegio pasé a Comunicación Audiovisual, no me gustó porque era un proyecto al semestre. En las artes yo siempre he sabido que uno aprende haciendo, entonces con un proyecto al semestre yo no iba a aprender nada.

Me cambié a la Escuela de Cine, ahí era un proyecto cada dos semanas, pero esa escuela era muy cara y me tuve que ir. En la Escuela de Cine el arancel era más caro que algunos de Medicina. El cartón de cineasta no vale lo mismo que uno de médico en términos de retribución, respecto de la inversión financiera que se hace.

Me metí a buscar trabajo en lo que podía hacer relacionado con el audiovisual, pequeñas animaciones, motion graphic o publicidad. En una oportunidad me llegó un trabajo grande. Yo había participado en la elaboración del proyecto para ganar unos fondos, me habían prometido cierta plata y al final me la querían negar. Ahí entendí que no era esa la forma en la que iba a surgir. 

En el 2008 quedé en el Berlinale Talents Campus, y ahí había una charla con un cineasta (M dot Strange) que había hecho una película solo y pensé que ese podía ser el camino.

¿Así surge tu película? 

Esa película surge de la necesidad de querer hacer una película y del fracaso de todos los proyectos anteriores. Tuve que hacerla con lo que tenía. 

En enero del 2012 me propuse empezar el proyecto de hacer una película de animación solo. Gasté todos mis ahorros en comprar una cámara y lentes decentes. Ese verano salimos de vacaciones con mi papá y un primo al Parque Nacional Conguillio, saqué fotos y desde esas mismas fotos surgieron las escenas. 

Además de la cámara y los lentes, me había comprado un micrófono y una grabadora. Recuerdo que con mi primo empezamos a tirar rocas cercanas al volcán Llaima, cuando caían al lago primero se producía un silencio y luego un ruido, ese sonido fue parte de la banda sonora de mi película, los usé como tambores.

Y así siguiendo la filosofía de “se hace lo mejor que se puede con lo que se tiene” intentaba ver cómo introducía o creaba algo a partir de ahí, a veces resultaba, por lo general no, pero en ese juego se puede llegar a algo relativamente original y propio.

¿Cómo continuó la construcción del proyecto?

Al comienzo no hice ningún guión. Eso, ahora lo entiendo, fue un grave error. 

Cuando comencé la película, ya había escrito varios guiones, entonces me tiré a la piscina porque pensaba que sabía lo suficiente. Hice un storyboard, la música y después grabé los fondos. Luego nada funcionaba en términos narrativos. 

Llevaba 17 minutos y se lo mostré a mi mamá, le pregunté quién era el protagonista, porque algo no funcionaba, y me respondió que era el niño, hasta ese momento el protagonista era una cuncuna. Ahora la película es la historia de una mamá con su hijo y el personaje de la cuncuna es secundario. Esa fue la sensibilidad artística de ella.

Para cuando hice ese cambio ya había coloreado todos los fondos y tuve que cambiar la historia usando lo que ya tenía. Prácticamente hice una película nueva con los mismos fondos que había grabado para contar otra historia. Lo hice pensando siempre en avanzar y nunca retroceder, por eso reutilicé los fondos,  revalorizando así el trabajo previo, pero el saber como solucionar el embrollo en términos narrativos me tomó años.

Háblame un poco del financiamiento o falta de este

Para que florezcan las artes y las ciencias, la supervivencia debe estar asegurada, en mi caso fueron mis padres. Por eso es tan difícil que en una comuna humilde como Estación Central, donde vivo, alguien se dedique al arte.

En mis proyectos anteriores había postulado a fondos. Partí postulando a fondos en la educación media, estuve como 10 años y nunca gané nada. La última vez, fue para un fondo de escritura de guión, pedían 100 hojas escritas y en medio del proceso cambiaron las bases. Después llegó la crítica a mi postulación, colocaron casi literal “pese al talento innato demostrado por el participante, la calidad final del guión no se puede asegurar dado que no posee título”.

Entonces entendí que los fondos no eran para mí. Con Elulu nunca postulé a un fondo. Elulu nace desde la necesidad de hacer y no tener el apoyo o contactos.

¿En estos 8 años te diste cuenta que efectivamente estaba pasando tanto tiempo? 

Nunca le tomé el peso, partí el 2012 y se estrenó el 2021. Tuve que aprender cosas en el camino, mientras hacía la película fui creciendo en términos artísticos.

Pero uno es un animal social, y yo estaba negando al mamífero social que soy, renuncié a mucho en este tiempo. Solo salía para reuniones familiares, porque sabía que esto requería esfuerzo. Había que elegir, y elegí cumplir mi sueño de infancia.

Hay una película que se llama Whiplash, de un baterista que quiere ser el mejor, yo me identifico con esa película (en esos tiempos). Tenía que ser mi propio profesor eso sí. Hay un momento en el que el baterista tiene que renunciar a la pareja, se renuncia a un montón de cosas porque hay que hacerlo para cumplir los sueños.

Festivales y estreno mundial

Al momento de tener la película prácticamente hecha, con el render final, vino la semana del 18 de octubre del 2019. Hubo ahí como un entretiempo para la película, entre el estallido y la pandemia. Aunque seguía ocupando todo mi tiempo en Elulu, la productividad no era mucha.

La primera vez que la envié fue en enero del 2021. En los circuitos de festivales existen los de clase A, estos te cobran mucho para enviar una película y además la animaciones no son de las más preferidas. Así que empecé a enviar mi película a festivales más chicos, algunos cobran poco o ni te cobran. 

En Europa hay festivales donde te ayudan económicamente con la estadía, parte del pasaje o descuentos dependiendo de qué parte del mundo eres. Eso no ocurre mucho acá en América. Como siempre he sentido que aquí nadie me apoya, la película la envié al extranjero, pensando desde el principio que en algún lugar del mundo podría haber una audiencia para un proyecto así.

Me llegó un correo del festival de Animafest Zagreb, en Croacia, ellos corrían con parte del gasto, no con todo porque su presupuesto era para gente de Europa. Todo sucedió en plena pandemia, en medio del peak más grande de contagios, tuve que salir con una carpeta de permisos. 

Yo iba representando a Chile al segundo festival más importante y más antiguo de animación de todo el mundo. Elulu compitió incluso con un película que estuvo nominada al Oscar ese año (Wolfwalkers). Ahí se estrenó mundialmente mi obra.

Luego tuve la suerte de poder ir a Cinanima, en Portugal, y había un productor de Brasil que me reconoció porque en el festival de Ottawa, el más importante de Norteamérica, ellos habían ganado el primer premio y a mí me habían dado la mención honrosa. Me consultó cuáles eran mis proyectos a futuro y yo le dije que necesitaba volver a ser un humano normal, y en eso estamos. 

¿Y en qué estás ahora?

Mi meta en términos artísticos es terminar de escribir el guión de un largometraje, estoy escribiendo mi segundo guión en inglés. El primero lo mandé como a doce festivales, descubrí que existían los festivales de guión. Quedó en un festival en Atlanta, fue cuartofinalista, entonces ya pasé la barrera del idioma. 

También estoy haciendo un corto que no he avanzado mucho, porque lo estoy haciendo en mis tiempos libres. La película era “lo mejor que podía hacer con lo que tenía” y este nuevo proyecto es “lo mejor que puedo hacer”.

Se llama Mi hogar es grande”.

Y por último ahora estoy creando música, quiero sacar un álbum ya para principios del próximo año. Me han dicho que se parece a 31 minutos, con letras chistosillas y amenas. El álbum se va a llamar “Canciones de baño”, y ya tengo dos temas, “Axila” y “Limpieza profunda”.

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