Por Sofía Soto.
Recientemente, mientras exploraba el catálogo de nuevos lanzamientos en HBO Max, me encontré con “Materialist”, película que me abstuve de ver por el ancho de críticas de quienes fueron al cine. Después de terminarla y recordar los comentarios que se dirigen, sobre todo, a las decisiones de la protagonista, no pude evitar preguntarme: ¿estamos moralizando las películas que vemos en lugar de disfrutarlas?

Y sí, la verdad, “Materialist” tampoco es una obra maestra, pero gran parte del discurso no estaba enfocado en los aspectos técnicos del filme, sino en un reproche moral a las acciones y valores de los personajes. Porque, al parecer, todos somos excelentes ciudadanos que aportamos éticamente a la sociedad. Cuando, en realidad, el propósito del cine o de la ficción en general no es mostrar personajes correctos; al contrario, si esto fuera así, la mayor parte de las grandes historias de la humanidad no podrían haber sido contadas.
¿Por qué estamos cuestionando la elección del personaje de Chris Evans en lugar de Pedro Pascal? ¿Por qué nos tomamos tan en serio algo que viene de una película romántica? Y sí, puedo comprobar que el cine enriquece este ambiente de discusión, y que está bien logrado si logra este pensamiento crítico en sus espectadores. Pero actualmente tachamos a una película o serie como “mala” si uno de los personajes no actúa bajo los códigos sociales o va en contra de nuestras creencias.

El problema con “Materialist” es que se nos vendió como comedia romántica, como el retorno de las romcoms de los 2000, con protagonistas hegemónicamente bellos y un cast de renombre. Pero Celine Song, su directora, transmite un fuerte mensaje a través de la crítica a una sociedad capitalista, en donde el poder material intercede incluso en nuestra vida amorosa. Por esto, me molestan y me decepcionan los argumentos clasistas y sobre “broke man propaganda”, porque creo que es una lectura superficial de personas que vieron la película con los ojos cerrados.
Finalmente, no quiero defender a capa y espada una película que quizás no es tan brillante. Pero me llama la atención esta ironía justiciera con la que las personas quieren criticar ciertas obras, perdiendo completamente el foco y valor del cine.

Si el cine nos representa como humanidad, ¿no debería también mostrar aspectos negativos de nosotros mismos? ¿Por qué buscamos la ética en el arte? ¿Por qué no nos centramos en disfrutar de una película en lugar de señalar todo lo “malo” que sus protagonistas hacen?
Lo que más me preocupa, es que estamos criticando no sólo lanzamientos actuales, sino también clásicos del cine. Si vemos al pasado con ojos del presente, encontraremos un sinfín de inmoralidades, pero si censuramos todo el arte clásico, tiraríamos la mitad del legado cultural a la basura. Suena desalentador, pero aprender a través del tiempo y de los errores pasados no significa borrar la historia, en su lugar podríamos renovarlas y escribir unas nuevas.
Ojalá podamos volver a sentarnos frente a la pantalla sin exigirle al cine que se porte bien. Porque, si el arte es un reflejo de quienes somos, entonces también necesita sombras, errores y contradicciones. Quizás ahí esté su verdadero encanto.
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