“No estoy hecha para estos cínicos clones, estos cazadores con celulares” (Taylor Swift “The lakes” 2020)
El 2025 fue al parecer el año del minimalismo; líneas perfectas, colores neutros y el estilo personal más pulcro. Esto además de significar las consecuencias de un clima político inclinado hacia el conservadurismo, es también la última señal para entender por qué las juventudes están perdiendo su identidad. Pese a lo fatalista que esta afirmación suene, no deja de tener veracidad en un mundo contemporáneo dominado por las redes sociales. Y es que con todo lo que es percibido hoy en día, no podemos dejar de preguntarnos.
¿Nos estamos convirtiendo en lo que el consumismo nos permite ser?
Las redes sociales funcionaron en algún punto como plataformas de expresión, en donde todos podían mostrar quienes eran a través de publicaciones que lo identificaran. Hoy por hoy no es más que un lugar de comparación, donde todos muestran la mejor parte de un estilo de vida inalcanzable, logrando despertar en sus espectadores la necesidad de replicarlo. Al estar constantemente expuestos a los estándares que rodean el internet, tendemos a rechazar lo que somos y aquello que nuestra propia conciencia crea. Pensamos en una concepción de perfección y características que debemos seguir, ignorando la subjetividad del “yo” y la mera inexistencia de una llamada “perfección”.
Si pensamos en retrospectiva, desde hace mucho han habido tendencias a seguir, la diferencia es que estas llegaban de forma más ralentizada a manos de sus consumidores. Las películas se alquilaban, los discos se compraban y la moda era impresa y distribuida en revistas, haciéndolas atemporales. Las subculturas eran creadas como respuestas identitarias, en busca de pertenecer a aquello que se asemejaba más a ti mismo. El estilo se construía en las calles, en las escuelas o en los conciertos, surgían como sinónimo protesta y emancipación. Más allá del factor nostalgia, se nos es fácil reconocer el estilo de cada época y sus respectivos elementos pero ¿Qué pasará cuando en el futuro tengamos que definir la moda de los 2020 ‘s? Considerando que la inmediatez de la tecnología nos ha involucrado en un mundo de micro tendencias virales, que duran como máximo un par de meses, simulando una diversidad definida por el marketing. Explicado de otra forma, la diferencia entre una subcultura y un “core”, es que la última no tienen una historia, los estilos inspirados en el “For You Page” de Tik Tok, carecen de narrativa.
Es triste ver como aquello que debió funcionar como la era de la expresión ilimitada terminó como un espacio en donde la creatividad no tiene lugar. Y es que el algoritmo funciona a costa de la repetición, premiando con visibilidad a aquello que ya funcionó.
No hay estilos sino fórmulas y estrategias que benefician al consumismo y promueven una ansiedad por la aprobación. Ya no vestimos para expresarnos, sino para encajar.
¿Eres tu o solo una tendencia?
Somos una generación que teme ser diferente, y es que en una realidad donde todos te dicen cómo lucir, es difícil encontrar tu nicho propio. Estamos obsesionados con parecer originales e interesantes en una performance que se despreocupa de serlo verdaderamente. Caemos en la dependencia al lujo de consumir y comprar en cada cambio, que en lugar de expresión y rebeldía te ata a un sistema que impulsa la igualación.
La actualidad nos permite ver un problema al cual no le estamos dando cara; la muerte triste y silenciosa del estilo personal. Frente a este lamentable clima no hay una solución concreta, pero el cambio no es imposible. No se trata de decirle no a las redes sociales, tendencias o tecnología, sino utilizarlas de modo que funcionen a nuestro favor, creer en la globalización de la moda y el arte como una fuente de inspiración, no de repetición.
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