Shakira en Copacabana: el arte de la permanencia 

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Por Sofía Briones

Después de más de un año de conciertos sold out y de presentarse frente a miles de personas en el Zócalo de Ciudad de México, Shakira sigue rompiendo récords. ¿Lo sorprendente? Lleva haciéndolo desde hace más de 30 años.

Mujer cantando con el cabello suelto y al viento, sosteniendo un micrófono con una expresión apasionada durante una actuación.

El pasado 2 de mayo, la artista se convirtió en la primera latina en ofrecer un megaconcierto gratuito en la playa de Copacabana, reuniendo a más de dos millones de personas. Vestida con un atuendo brillante en tonos que evocaban a Brasil, la barranquillera dio inicio a uno de los shows más importantes de su carrera. No fue solo otro récord, fue la síntesis de una trayectoria que se resiste al desgaste del tiempo.

Su nombre no distingue generaciones, idiomas ni continentes. Desde el éxito de Pies Descalzos, Sueños Blancos, su impacto ha trascendido la cultura latina. Hoy, con su gira «Las mujeres ya no lloran», podría decirse que atraviesa el mejor momento de su carrera. Lo curioso es que esa misma afirmación habría sido igual de válida hace diez años.

Mujer con cabello largo y lacio, sosteniendo un micrófono, vista lateral y con una expresión pensativa, vistiendo una blusa de encaje azul.

Shakira pasó de ser una adolescente confesional, de pelo negro y pantalones de cuero, a una figura global capaz de conquistar mercados no hispanohablantes sin renunciar a sus raíces. El camino, sin embargo, no fue inmediato. Sus primeros discos, Magia y Peligro, tuvieron escaso éxito. No fue hasta 1995 que irrumpió en la escena latinoamericana con canciones como “Estoy aquí”, “¿Dónde estás corazón?” y “Antología”.

Con ¿Dónde están los ladrones? consolidó una identidad musical propia, conquistando las radios latinas de los 90`s. Pero aún quedaba una barrera por romper. En 2001, mientras las estrellas pop cantaban en inglés, usaban jeans a la cadera y rubios platinados, decidió dar el salto con Laundry Service. Fue el punto de inflexión, Shakira conquistó el mercado anglo sin desprenderse del todo de su esencia.

Desde entonces, su carrera ha sido una suma constante de éxitos, himnos transversales que han marcado distintas generaciones. Su vida personal, ampliamente expuesta, también se convirtió en materia prima creativa. Cuando la ruptura de su familia fue mediatizada por la prensa, en lugar de retirarse, canalizó esa experiencia en música, reafirmando su vigencia.

Joven sonriendo con cabello rizado y voluminoso, vistiendo un top naranja, posando con una mano en su cabeza.

Entre “Ciega, sordomuda” y Shakira: Bzrp Music Sessions, Vol. 53 hay más de dos décadas de distancia. En una industria que suele descartar a las mujeres con el paso del tiempo, su permanencia no es casualidad. Su diferencial está en la estrategia, Shakira se adapta sin perder identidad. Ha sido testigos de los cambios más grandes de la música, de los casetes a Spotify, de los álbumes a las playlists y más. Aun así, apela a la nostalgia, recordando a la pelinegra de pies descalzos, pero no se retiene en el pasado. 

Además, su éxito adquiere otra dimensión al ser latina en una industria históricamente dominada por el eurocentrismo. Sus raíces barranquilleras no son un obstáculo, sino una herramienta. Las incorpora, las resignifica y las exporta. Es una de las pocas artistas capaces de hacer cantar en español a públicos de Europa, Norteamérica y Asia.

Mujer con cabello largo y rizado, posando con un micrófono en mano, en un entorno tropical que incluye palmeras, con el texto "Shakira No Rio" en el fondo.

Hoy, su estatus ya no admite discusión. Estamos frente a una leyenda viva. Pocas artistas pueden convocar a millones de personas y, al mismo tiempo, mantenerse culturalmente relevantes. A los 48 años, Shakira conserva una energía escénica que dialoga con nuevas generaciones sin perder a las anteriores. Cambió la forma en que vivimos la música, y solo ella lleva tres décadas manteniéndonos expectantes. 

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