Por Bel Sabbag
Como cada año, este junio se conmemora el mes del orgullo LGBTQIA+. Por lo que en honor a la diversidad y a ese momento épico cuando descubrí la bisexualidad, hoy quiero compartir con ustedes un recuento de esas anécdotas que marcaron el camino del autoconocimiento, ya sea, para bien o para mal, que aún me persiguen.
Así que si estás pensando que la bisexualidad es lo tuyo, espero que estas experiencias te den una idea de lo que puedes encontrar. Y si ya eres parte de la comunidad ¡quizás te sientas identificada/e/o con lo que viene a continuación!
Corre el año 2012, la cultura Tumblr está en su boom, el ataque homofóbico a Daniel Zamudio acaba de salir en las noticias, “gay” sigue considerándose el insulto predilecto para menospreciar a Justin Bieber, y una ingenua adolescente acaba de darse cuenta no solo le gustan los hombres.
Okay, no voy a mentir, mi primera reacción fue el pánico. Descubrir y aceptar que tu sexualidad no sigue la norma nunca es fácil en un principio, pero hoy nos saltaremos ese bello y caótico capítulo (¿podremos leerlo en una próxima nota quizás? guiño, guiño), para pasar a lo que vinimos.
Momento Nº 5
Tras el emocionante descubrimiento de mi sexualidad, pasé los meses siguientes recorriendo cada rincón del Internet en busca de toda la información existente. Cada blog que leía me hacía sentir más empoderada con esta identidad que resonaba tan profundamente en mí. Dentro de mi cabeza nunca había entendido esto de que a las mujeres solo le gustan los hombres y viceversa, pensaba que una simplemente se enamoraba de quienes son las personas.
Con todo mi estudio hecho (como la Virgo que soy) me sentía lista para dar el siguiente paso: el terrorífico «salir del closet”. No con todos, por supuesto, pero sí con mi círculo de confianza. Esperé pacientemente el momento perfecto, y un día durante un recreo escolar convoqué a mis dos amigas más cercanas para revelar mi gran noticia.
- ¿bisexual? pero tu solo has pololeado con hombres ¿estás segura? – dijo una de ellas.
¿Estoy segura? Repasé en mi mente todo lo que había leído. La bisexualidad es una identidad completa. No es binaria. “Bi” hace referencia a mi género y un género diferente al mío. Lo usan las personas que sienten atracción por más de un género, por todos los géneros o sin importar el género…
Y así empezaron las preguntas: ¿Es necesario que esté con una mujer para saber que me atraen? ¿Debo tener experiencias con todos los géneros para confirmar? ¿Esto también se lo preguntan a personas homosexuales? ¿Y aplica para la gente hetero? ¿No me puedo identificar con una orientación sexual sin experiencia comprobada?
Estas preguntas me acosaban constantemente. Cada vez que me abría con alguien, me cuestionaban lo mismo. ¿Estoy realmente segura? No tenía respuestas y no quería pasar a llevar a la gente que es realmente bisexual, así que fue más sencillo decirme a mí misma que yo no lo era.
Esa fue la primera vez que sentí cómo mi identidad era negada y desaparecida, pero obviamente no sería la última, si no, no habría material para este ranking, jé.
Momento Nº4
Con los años me di la libertad de explorar. Me lancé a la piscina de las citas, los encuentros amorosos y sexuales. Tuve algunas relaciones serias y otras no tanto, con chicas cis, chicas trans, personas no binarias, y alguno que otro chico más. Cada experiencia y persona con la que compartí me permitía aprender un poquito más de mi.
Así que ya en mi primer año de universidad, me sentí más que calificada para lucir con orgullo un pin de bandera bi en mi mochila. Finalmente era lo suficientemente bisexual y quería decirselo al mundo.
Gracias a este mismo pin, conocí a Martín.
- Soy del colectivo disidente de la facultad, y no tenemos a nadie bisexual ¿quieres unirte?
La emoción y felicidad no cabía en mí, sentía que había esperado toda la vida por una oportunidad de participar junto a otras personas que entendieran lo que es ser y sentirte disidente. Nos unía una lucha. Pero como dicen, lo que fácil llega, fácil se va.
Dos semanas después figuraba pasando mi tarde de viernes en los pastos de la universidad, disfrutando de una cerveza y del último álbum de Alex Anwandter con mi nuevo grupo de amigues. Estaba ansiosa y contenta de conocerles.
En ese momento, Martín le hace una pregunta a una chica del grupo, llamémosla Feña.
- Ya, pero sinceramente, ¿tú estarías con una mina bi?
- ¿Estar de verdad, pololear? no creo.
- Es que ¿sabes lo que pasa con las personas bisexuales? Son otra cosa porque igual son 50% heterosexuales, no son lo mismo que nosotros – Comenta otra chica.
- Si po’ – responde Feña – Si una mina bi está con un hombre, es como que fuera hetero nomás. No viven la violencia que vivimos las lesbianas siempre, por ejemplo.
- Sí… Es como menos político ¿cachai’?
Se me heló el corazón y no dije nada, no sabía qué decir. Nuevamente tenía muchas preguntas y ninguna respuesta. ¿Relacionarme amorosamente con hombres me hace menos disidente? ¿Debo experimentar la misma opresión para encajar en la comunidad? Pensé que la idea era sentir orgullo de quiénes amamos, de nuestra diversidad, y luchar en conjunto contra la violencia, pero se sintió como un acto violento descubrir que aún debía cumplir ciertos requisitos para ser igualmente válida. Ya no tenía dudas de mi orientación, pero tenía dudas de si pertenecía al colectivo. No sabía donde buscar respuestas. Elles eran el grupo disidente, eran quienes se abanderaban con la celebración del orgullo, pero parecía que no había nada de lo que estar orgullosa en la bisexualidad.
Momento Nº3
El tiempo hizo lo suyo y el amor llegó a mi vida en forma de una estudiante de psicología con mechas violetas y una pasión por la danza: la Coni. Con ella me sentía plenamente yo misma, segura de mi identidad y de mi voz. No había espacio para los cuestionamientos o juicios, solo cariño. Juntas descubrimos lo hermoso y mágico que es bailar toda la noche con la mujer que amas, así como lo fácil que un simple comentario puede cambiarlo todo.
- Si son pololas entonces dense un beso, pero uno de verdad si po’.
- Oye, ¿y es verdad que a las bisexuales les encantan los tríos?
- Me avisan cuando ya les haga falta un hombre.
- ¿Sabían que fueron votadas como la pareja más deseada del campus?
En la disco, en el metro, en la universidad, en la calle. No importaba el lugar, siempre había un comentario, una risa, un silbido, una mirada lujuriosa lista para incomodar. Para hacernos saber que la relación que habíamos construído con tanto amor, era una fuente de material para las fantasías sexuales de los hombres que nos rodeaban.
Lamentablemente, juntas también aprendimos que las mujeres bisexuales somos vistas como un fetiche, que para los ojos de la sociedad una mujer bisexual solo se relaciona con otra mujer para servir el placer masculino, y luego está lista para volver a los brazos del hombre a quien ama y desea verdaderamente.
Me parecía triste e irónico, mi bisexualidad ya no era invisible, al contrario, era lo que todos querían ver. Para el mundo éramos la pareja de mujeres bisexuales, cuando solo eramos dos personas que se amaban.
Momento Nº2
Pasó el tiempo y por cosas mías, cosas de ella, cosas de ambas, con la Coni decidimos dar un paso al lado y ser solo amigas. Pero el destino tenía nuevas cosas preparadas para mi.
Me hallaba – finalmente – en mi último año de universidad, terminando el curso más aburrido del semestre con el profesor más aburrido de todos, cuando dicho profesor decide asignar grupos para el trabajo final. Así conocí a la Karla, esa compañera de carrera con la que nunca hablé y quien se convirtió en mi nueva polola. La Karla era el epítome de lo divertido. Alta, cheerleader, de hermosos ojos negros, siempre ocurrente y lista para hacerme reir o invitarme salir. Con ella aprendí a amar de nuevo y tuvimos una hermosa relación, pero como en toda relación, hubo altos y bajos. Y nuestro bajo más bajo, fue que la Karla nunca pudo confiar en mi, porque yo era bisexual y ella, lesbiana. De alguna manera, esto era razón suficiente para desconfiar de mi atracción y amor hacia ella.
- Quizás no te gustan realmente las mujeres, y esto es una fase.
- Pero sí me gustan. Me gustas tú, por eso estoy contigo. – Argumentaba yo.
- Es que has estado con muchos hombres, y yo no te puedo dar lo que te da un hombre.
Este vaivén duró horas, y se repitió incontables veces. Una vez más me vi a mi misma repasando en mi mente todo lo que sabía de la bisexualidad, tratando de enumerar las razones por las cuales mis sentimientos eran válidos. Sí, estoy segura que soy bisexual. Sí, la bisexualidad es tan real y válida como cualquier otra orientación dentro de la comunidad LGBTQIA+. Sí, realmente siento atracción romántica hacia mujeres, hombres, cis, trans y todas las identidades de género. No, no necesito un hombre para sentirme satisfecha en mi relación. No estoy confundida, no es una etapa, y no necesito demostrarte nada.
Como sospecharán, esa relación no terminó tan bien.
Momento Nº1
Y el peor momento de todos: Ahora. El momento en el que escribo esto, cuando miro para atrás y me doy cuenta que he pasado la mitad de mi vida tratando de demostrarle a los demás la validez de mi orientación sexual.
Cuando me doy cuenta que es 2024 y aunque a la gente le guste decir que ahora “todos son” LGBTQIA+, millones de personas viven en alguno de los 62 Estados de la ONU donde aún se considera un crimen. Cuando leo que el número de personas que se consideran bisexuales se ha triplicado en los últimos 30 años, pero seguimos siendo la población con mayor riesgo de suicidio y depresión dentro de la comunidad disidente.
Es el peor momento porque el bi-odio sigue presente y sigue invisible. Pero, como soy cursi y adoro los finales felices, este también es el mejor momento.
Es el mejor momento porque hoy estás leyendo mi historia. Porque te puedo contar que ya nada me hace dudar de mi bisexualidad. Y es el mejor momento porque hoy puedo decirte que no importa la cantidad de malas experiencias que te toque vivir, no tienes nada que demostrar. Mientras tu elijas identificarte así, siempre serás suficientemente bisexual.
*Las anécdotas presentadas son una construcción hecha en base a mi relato personal en conjunto con los relatos de múltiples mujeres y personas no binarias bisexuales.


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