La cara oculta de la luna

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Por Jabiela Reguera Chao

Una comunidad socialmente inclusiva que espera comprensión y respeto. Mostrando lo mejor de dos mundos y con la esperanza de su presencia en leyes y documentos oficiales. La identidad de las nuevas generaciones ha arribado para detonar el pensamiento de género tradicional unida a los genitales. Así aclaman su identidad quienes están a un lado de la dualidad hombre o mujer.

Alex se reconcilió con su feminidad al renunciar a ser solo hombre. Se maneja con una mutabilidad extraordinaria entre lo masculino y lo femenino, invirtiendo espontáneamente el lenguaje, las muecas, las poses y jugueteando con su pelo y la ropa. Tiene 20 años y es género fluido, una de las identidades que forman parte del amplio abanico de la diversidad de género y sexo. “El género fluido es cuando una persona se identifica tanto hombre como mujer y puede estar entre medio igual de ambos, no necesariamente somos como no binario, si entramos al espectro no binario, pero no es una persona que no se identifica con ninguno de los dos, sino que nos identificamos con los dos” va relatando de manera calmada para no saltar detalle.

El cambio forma parte de la vida de Alex desde los 17 años en adelante.Su motor de arranque fue buscar ser a toda costa fiel con ella misma “sentirme cómoda dentro de mí, verme al espejo y sentirme cómoda con cualquier pronombre y mi representación del mundo debe ser así”, relata. La idea de sentirse solo hombre con el tiempo empezó a no encajarle del todo e inició  —como ella lo llama— a llenarse de granitos de arenas y es por eso que, agarrándose fuerte de las ganas de colocar en su cédula de identidad ambos géneros, descubrió lo mejor de dos mundos, con el apoyo que le brindó su familia.

Roles incorporados ahora a su nuevo ser, el cual no encuentra maneras de delimitarlo, solo hacerlo ver y sentir único; primero con la ropa, el peinado, los andares e inclusive la compostura al sentarse. “Si me quise poner una falda no fue porque me levanté sintiéndome más ella, no, me la puse porque realmente me la quería poner. Para mí la ropa no tiene género”, comparte. 

Aún hay una lenta normalización, pese a todo lo que se ha planteado en materia de adelanto de desarrollo inclusivo, tal es el caso de una vivencia que hasta el día de hoy le produce insatisfacción. “Era mi primera vez yendo al gym de la universidad, como un día normal siempre entro al baño de las mujeres, me siento más cómoda ahí, no voy a mentir porque siento que igual mi aspecto a pesar de todo, incomoda a los hombres”, comparte. 

Terminó la jornada de gym completa, sintiéndose contenta, llena de endorfinas y se dirigió al baño a recoger sus cosas. La felicidad de ese día no duró mucho, minutos después de haber dejado el lugar, la sorprende un correo de su coordinadora académica comunicándole qué tenían que hablar. El por qué, su cédula de identidad decía que era hombre y debía entrar al baño de los hombres. “Siento que en el baño de los hombres me pueden agredir, he vivido bullying en años pasados y no quiero que se vuelva a repetir esa situación, prefiero evitarlo”, dice Jesús en respuesta a lo que estaba sucediendo. Y por ende prefirió no ir más al gym. “No tuvieron ningún motivo o ganas para ayudar en la situación”, explica desilusionada. Encuentra que si hay pasos importantes que ha dado Chile, pero hace falta avanzar en tema de genero fluido, no binario pues como comunidad, a su perspectiva no son minoría, aunque los sigan tratando como tal. Hacer que la ley permita poder reflejarse tal y como son, para facilitarles la vida, dándole mayor visibilidad ante la misma y la sociedad. “Apenas se están lanzado con ideas muy básicas que es matrimonio igualitario, adopción homoparental. No estoy pidiendo que toda la gente lo entienda de una vez porque es un tema nuevo. Del uno al diez, Chile está en un cinco”, razona la joven de segundo año de periodismo de la Universidad del Desarrollo.

En términos de leyes 

El abogado Mati Cortéz reafirma que no existe una ley que reconozca explícitamente el concepto de la identidad de género fluido o de personas no binarias, pero “si entendemos que dentro del concepto de identidad de género existen las personas cisgeneros, personas trans, y dentro de las personas trans, personas trans binarias, mujeres trans o trans masculinos, por otro lado, también están las personas trans no binarias de las cuales hay un paragua de definiciones”. Reconoce además que el binarismo de género es un problema estructural en la sociedad.  Y que la problemática se extiende, causando muchas dudas como por ejemplo ¿Cuál sería la edad de jubilación para una persona no binaria?, esto pensando que la incorporación de género no binario este dentro del programa de gobierno del presidente Gabriel Boric como una reforma de la identidad de género. “Hay una serie de desafíos en este ámbito”, define Cortéz. 

El primer caso donde una persona que se autopersibe como  género “no binario” fue reconocida por las autoridades sucedió en Argentina. Sin embargo, en el resto del continente el reconocimiento de sus pares, dentro de las leyes de identidad de género existentes, sigue manteniendo un déficit.

Se encuentran latentes varios estudios que fijan diferentes prevalencias en la población. Uno de ellos hecho en Bélgica llamado Trans Missie, la ambivalencia de género o el no binario se daba en un 1,8% de quienes fueron establecidos varones al nacer y en un 4,1% de las destacadas como mujeres. En otra investigación holandesa, el 4,6% de los inscritos como hombres en el nacimiento y el 3,2% de las mujeres en la misma situación se reconocían como ambivalentes con su identidad. Ese mismo estudio significaba que el 1,1% de los determinados como ellos y el 0,8% como ellas afirmaban tener una identidad de género incongruente.

“Las etiquetas limitan”, afirma molesta Fede de 26 años. “La sociedad dicta sus reglas y obliga a que se sigan”, continua, “lo más importante es quién uno es como persona, como ser humano, el contenido, no el envoltorio”, añade. Federica es DJ, nació con vagina, pero se concibe polarizadamente femenina y masculino. “Muchas personas han utilizado la palabra andrógina por mi aspecto físico, y si, lo soy”, concluye con gesto soberbio.  Se desliza entre uno y otro género dependiendo de con quien esté, del tema de conversación o como se sienta. Sencillamente fluye. Lleva siete años de relación con su novia Camila. Asimismo, su aspecto físico concuerda con su orientación sexual; teniendo una manera de ahorrarse tantas preguntas, al menos para con el exterior, su afinidad por las mujeres. 

“El campo de la sexualidad es cada vez más abierto, de hecho, ya no aparecen en los compendios de la psiquiatría muchos de los cuadros que eran incluidos como trastornos psiquiátricos”, dice María del Carmen Caso, psiquiatra infanto-juvenil del Centro de Salud Mental en La Habana, Cuba . También afirma que no ha sido tema fácil para psicólogos o psiquiatras en el sentido que no implica querer un cambio de sexo, ni se puede asociar exactamente a la orientación sexual, es decir las personas o individuos pueden estar satisfecho con su condición heteronormativa en correspondencia con su género físico, sin tener en cuenta cómo percibe su identidad de género psicológica. “Es una identidad diferente, es el sentir de esa persona y no lo que le obliga la sociedad y tabúes a ser. Al final no es el sexo, la orientación sexual, ni identificación lo que define la calidad humana de las personas”, concluye.

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