La rehabilitación desde una mirada energética

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¿La salud está al alcance de todos?

Esta pregunta suele generar controversia, ya que, aunque sepamos que los Gobiernos destinan un gran presupuesto en la promoción y prevención de salud y el gasto público de Chile en sanidad creció de un 10,03% en el 2022, a un 18,54% en 2024, esto nos puede indicar cosas importantes, como que la vida se está haciendo más cara, o también que los chilenos estamos enfermando más. Cualquiera de estas dos conclusiones no es precisamente lo que me interesa plantear en estas líneas, sino más bien cómo nos hacemos cargo de nuestra salud.

Por Regina Donoso S

Vámonos a la medicina primitiva, en donde las enfermedades no eran muy diferentes a las actuales: resfríos, fiebre, neumonía, piedras en el riñón o lesiones como fracturas o inflamaciones de tejido. Para el hombre primitivo, las enfermedades la provocaba un espíritu maligno. Es entonces donde el médico, brujo o curandero, tomaba protagonismo con sus rituales, amuletos o sacrificios para retirar esto que no pertenecía al humano. En ocasiones realizaba masajes, baños o infusiones con hierbas de los cuales obtenía buenos resultados. Tanto el curandero como el propio enfermo creían en una fuerza incorpórea que los ayudaba en este camino a la sanación.

A medida que evolucionamos, India alcanzó niveles muy sofisticados de tratamientos que utilizan hasta el día de hoy. A estos se les conoce con el nombre de medicina Ayurvérdica, que significa “conocimiento de vida”. Esta habla de la importancia de la interacción del hombre con el universo en conjunto a los 5 elementos: Akash (espacio), Aire (Movimiento), Fuego (Energía), Agua (Fuerza cohesiva) y Tierra (masa). Cada uno de estos tiene sus propios atributos, representando así cinco cualidades de energía que podemos experimentar a diario en nuestra vida física, mental y emocional. Cualquier alteración en el equilibrio de estos elementos se podría expresar como enfermedad.

Por otro lado, la medicina china también es extensamente conocida en diferentes territorios de nuestro planeta hablando del equilibrio del yin y el yang y los 5 elementos: Madera, Tierra, Fuego, Agua y Metal. Su tratamiento es extenso, e implica el uso de agujas, hierbas, masajes y ejercicios como el Chi Kung, en donde se realizan ciertos movimientos corporales con el fin de mover el chi, o bio-energía del cuerpo, para curar enfermedades.

También la medicina de nuestros ancestros indígenas, como la medicina andina o la medicina mapuche, aportó en la visión de su sistema curativo, que restablece el equilibrio y la armonía mediante prácticas que han sido utilizadas durante siglos. Estas culturas entienden la importancia de la conexión con la espiritualidad, emociones y pensamientos. La machi es la encargada de la curación natural y de establecer el puente directo con los espíritus mediante hierbas provenientes de la tierra.

Entonces ¿qué nos pasó como sociedad? ¿En qué momento transferimos la responsabilidad de vivir en salud, de sentirnos saludables? ¿En qué momento nos desconectamos del universo y la tierra? ¿En qué momento olvidamos las enseñanzas de nuestros ancestros para sostener nuestra vida?

O acaso si estás en esos días difíciles, si respiras, te tomas un tiempo y te recuestas en el pasto mirando las nubes, al cabo de unos minutos ¿no te sientes mejor? O si contemplas las hojas y su ritmo de movimiento con el viento, ¿no te sientes más tranquila o tranquilo? O si miras una noche estrellada, ¿no te emocionas? Si te haces cargo de tu alimentación y comienzas a cocinar de seguro la comida tiene un gusto a amor. O si realizas actividad física tu cuerpo te lo agradece.

Todo tiene que ser equilibrado.

La medicina moderna con sus nuevas posibilidades diagnostica a través de imágenes y exámenes, entrega nuevos tratamientos farmacológicos, realiza nuevos descubrimientos científicos, etc. Esto resulta ser absolutamente indispensable para mejorar nuestra calidad de vida en esta vida moderna, pero no lo es todo. No dejemos de lado la medicina ancestral que lleva un par de miles de años de ventaja. Empecemos a complementarla en nuestras vidas. Esta visión holística del ser, el conocimiento de nuestras emociones, el desarrollo de nuestra espiritualidad y cómo nos sentimos emocional y físicamente mejor, se traduce a un trabajo de autoconocimiento.

Recordemos a Hipócrates, el padre de la medicina, que afirmaba que “no existen enfermedades, sino enfermos”. De aquí podemos inferir que para que el “enfermo” recupere su salud de una manera integral, no debemos preocuparnos solo de su “diagnóstico de enfermedad”, sino de cómo restablecer la salud del individuo. 

Para poder llevar a cabo esta acción, se hace esencial comenzar un proceso de autodescubrimiento emocional, mental, espiritual y físico del ser. Volver a lo simple, a lo que el universo y la tierra nos entregan todos los días sin ninguna condición como el sol, el alimento o las estaciones del año, por ejemplo. En lo personal, el autodescubrimiento ha ido en la línea del desarrollo de mis dones personales para ser un aporte en esta sociedad y esto realmente me hace despertar con una sonrisa por la mañana.

Durante mis más de 15 años como kinesióloga dedicada a tratamiento del dolor, he podido observar en mis maestros consultantes (así les llamo, ya que de ellos aprendo todos los días) una de las diferencias más notorias entre un tratamiento exitoso o no. Me refiero a la conexión que tiene el consultante con sus necesidades y cómo desde el amor propio y consciencia de sí mismo busca la reconexión. En mis años como terapeuta solo acompaño el proceso, ustedes hacen la magia.

Si estás pasando por una situación de salud complicada, ten en cuenta que nada dura para siempre. Aunque sea extremadamente compleja ¡busca ayuda! Reconéctate con tu esencia, con lo que verdaderamente eres, sin exigencias externas. Realiza ejercicio, aliméntate con lo que la tierra te regala todos los días, hazte cargo.

Vuelvo hacer la pregunta: ¿la salud está al alcance de todos? 

Regina Donoso S.

Kinesióloga

Acupunturista

Hipnoterapeuta Clínica

Terapeuta Neural

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