Taylor Swift concierto Buenos Aires

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THE ERAS TOUR EN ARGENTINA; La magia de ser fangirl

El aniversario del The Eras Tour en Argentina trae consigo el recuerdo de una noche en la que la música de Taylor Swift se convirtió en un puente entre la nostalgia y el presente. Este artículo explora cómo un concierto puede ser una experiencia que redefine perspectivas.

Por Constanza Lara Oyarce

Taylor Swift performing on stage with a guitar, arms raised in celebration and wearing a sparkly outfit.

Con mis amigas siempre hemos pensado que no hay nada mejor en la vida que ser una fangirl. Pertenecer a un fandom en la adolescencia (o incluso preadolescencia) puede ser una experiencia increíblemente validadora y, para algunos, un lugar seguro.

Para mí fue todo eso y más. Sin embargo, a medida que crecemos, nuestras prioridades y gustos cambian. Pasé de amar las boybands que cantaban sobre cómo conquistar a una chica (algo que, con el tiempo, se vuelve repetitivo) a apreciar a artistas femeninas que hablaban sobre las chicas de bajo perfil, aquellas que no suelen ser el centro de atención y con las que me sentía más identificada.

Así fue como Taylor Swift empezó a ganarse un lugar en mi corazón y en mis playlists. Sin embargo, ser una fangirl en la adolescencia es muy distinto a serlo en la adultez; ese entusiasmo que antes te hacía madrugar para escuchar una nueva canción ahora se transforma en hacer filas virtuales de más de seis horas para conseguir entradas para su primer concierto en Latinoamérica.

FOMO (Fear of Missing Out)

Algunas personas tienen un número especial o de la suerte; para mí siempre ha sido el 11. Nací en noviembre y a lo largo de mi vida el 11 ha aparecido en momentos clave en relojes, letreros o patentes de autos.

Taylor Swift anunció su gira The Eras Tour en noviembre de 2022, y el evento prometía ser un show que reuniría las canciones favoritas de los fans a lo largo de toda su discografía. Era una oportunidad de oro para las swifties que nunca habíamos asistido a sus cinco giras previas. Sin embargo, ningún país sudamericano figuraba en la lista inicial de fechas, lo que generó gran desilusión y especulación.

Durante los meses siguientes, la pregunta era inevitable: “¿Qué harás si no viene a Chile?” En mi mente, no había una versión de mi vida en la que no asistiera a ese concierto. Y agradezco a mis amigas por compartir mi delirio y decirme que debía seguir a Taylor a cualquier país vecino si era necesario.

Taylor Swift en el escenario durante un concierto, vistiendo un traje brillante y mostrando una pose enérgica.

En junio de 2023 se anunciaron fechas en México, Brasil y Argentina, confirmando la ausencia de Chile en la gira. Yo ya había tomado la decisión: conseguir entradas y viajar a Argentina, aunque eso implicara hacer horas extras en la cafetería donde trabajaba mientras estudiaba en la universidad. Mi madrina Andrea, compañera incondicional de conciertos, insistió en acompañarme. Ella me llevó a mi primer concierto (Shakira) y no permitiría que viajara sola al evento más especial de mi vida.

El martes 6 de junio de 2023, mi familia y amigos se unieron a la misión “Conseguir entradas para que Constanza no perdiera la poca cordura que le queda”. La venta empezó a las 10 de la mañana, pero nadie lograba avanzar en la fila virtual y las entradas se agotaban rápidamente. Parecía que iba a quedar fuera del Eras Tour. Sin embargo, la productora anunció una tercera fecha sorpresa en Argentina: el 11 de noviembre de 2023. Quise verlo como una señal.

La Javo es una amiga que hice en mi primer año de universidad y fue una de las que me incentivó a que tenía que viajar fuera si Taylor no venía a Chile. Ese día, la Javo estuvo desde las diez de la mañana conectada en todos sus dispositivos intentando conseguirme entradas. La Javo se atrasó en llegar a una de sus clases por estar en la fila virtual. La Javo odia a Taylor Swift. La Javo fue quien consiguió entrar primero y comprar mis entradas.

Las Swifties se toman Buenos Aires

Los meses siguientes fueron de preparación y sacrificio. Los pasajes, que antes costaban 180 mil pesos, subieron a 500 mil, y los Airbnb más económicos cancelaban nuestras reservas por razones poco claras. No obstante, algunas autoridades vieron la visita de Taylor como una oportunidad económica para sus países, pues los 53 conciertos previos en Estados Unidos aumentaron el PIB local en más de 4,300 millones de dólares, según Bloomberg Economics. 

Este también fue el caso de Argentina, pues así lo confirmó posteriormente el diario argentino Cinco Días, quienes señalaron que “los tres conciertos de la estrella pop en Buenos Aires se transforman en un oasis de consumo y llegada de turistas internacionales en un contexto de bajo crecimiento, alta inflación y tensiones políticas”.

Una vez que logramos comprar los pasajes, todo comenzó a fluir. Conseguimos un Airbnb cerca del estadio River Plate y los anfitriones resultaron ser muy amables. Desde ese momento, me permití vivir la experiencia completa: elegimos outfits temáticos (yo de Fearless y mi tía de Midnights), mis amigas me ayudaron a comprar mostacillas para las pulseras y organicé un itinerario para los 10 días en Argentina.

A pesar de que fuentes cercanas a la organización dijeron a La Nación que había más de un millón y medio de personas en la fila virtual, no comprendí la magnitud hasta que llegué a Buenos Aires y vi a tantas swifties con sus poleras, tote bags y accesorios de Taylor Swift. La ciudad entera parecía cubierta por un manto de fangirls irradiando brillo (y no hablo solo de los outfits).

Vista aérea del estadio River Plate lleno de fans durante un concierto, con luces brillantes y un ambiente energético.

11/11: una terapia grupal con outfits bonitos

El académico Ewan McNay, de la Universidad Estatal de Nueva York, explicó para el Time que ante situaciones de gran emoción, las neuronas relacionadas con la memoria se activan de manera descontrolada, dificultando la creación de nuevos recuerdos.

Durante todo el viaje, hice un esfuerzo consciente para no dejar que la ansiedad me dominara. Cada vez que visitábamos un lugar o hacía algo emocionante, me detenía un momento para decirme: “Estás aquí, estás feliz y te lo mereces”. Repetí eso toda la mañana del 11 de noviembre, luego mientras me maquillaba y después cuando caminábamos hacia el estadio. “Estás aquí y no es un sueño. Recuérdalo”.

La energía en el estadio era única, y la hermandad era palpable. Intercambiamos pulseras, nos halagamos los atuendos y, por un momento, todas éramos amigas de toda la vida.

No profundizaré en el concierto como tal, porque considero que cada una lo vivió a su manera y además hay una película de todo el show. Pero sí diré que recuerdo haberme sentido muy presente, porque no quería olvidar nada de lo que estaba viendo o sintiendo. Cuando empezó el segundo set (Fearless), sentí una emoción indescriptible y me invadieron los recuerdos.

Pensé en la Coni de ocho años que cantaba Fifteen y soñaba con tener amistades genuinas, o en la que desentonaba con You Belong With Me por un niño que nunca la miró.

Creo que lo que intento decir es que en ese momento entendí que esa noche todas las versiones de mí estaban viviendo su evento canónico y cerrando ciclos (algunos más importantes que otros). Esa noche se sintió como una sesión de terapia intensa: poner un bálsamo en heridas que ni siquiera sabía que aún dolían. Fue un momento catártico para nosotras, un grupo de fangirls que encontramos en Taylor Swift a una hermana mayor que valida el vivir intensamente, tanto las parte que duelen, como las que no.

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