LA TRISTEZA NO ES UN AESTHETIC

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Por Sofía Soto

“Quizás estaba loca. Quizás eran los años 60. O quizás era mi inocencia interrumpida.”

El reflejo de la tristeza en el mundo artístico tiene múltiples manifestaciones, ya sea en películas, series, libros, canciones o conceptos enteros que engloban un fin común, la identificación de un público colectivo.

Actualmente somos testigos de una realidad virtualizada, en donde nos encontramos diariamente con tendencias, patrones que se repiten, o más bien aesthetics, un concepto masificado en las nuevas generaciones que yace desde el auge de la aplicación Tumblr.

Mujer con cabello rubio y húmedo, sentada, sostiene un cigarrillo mientras reflexiona, vestida con una camisón de seda, expresión pensativa.

¿Pero cómo es que empezó a surgir un aesthetic que gira en torno a la romanización de la tristeza y trastornos mentales, existiendo colores, imágenes, atributos, frases y más, que generan un universo popularizado en las redes sociales y plataformas? 

Pensemos en el año 2014 y el cliché femenino de moda, las “Sad Girl” este causaba polémica, ya que era una corriente que idealizaba las conductas autodestructivas en adolescentes, formando todo esto en una estética característica que se difundió aún más con el apogeo de la música pop y una mala representación mediática de Netflix. 

A simple vista esto no tendría mayores complicaciones, pero la reflexión nos puede llamar a un análisis más profundo de las problemáticas de dichas tendencias.

Esta corriente responde a una cultura machista que considera la delicadeza, soledad y tristeza como atributos femeninos, llevándolo así a una idealización de la imagen frágil que se asocia a los trastornos mentales y a la misma fragilidad de la mujer, ya que el origen de esta figura no parte desde una autonarración, sino de la poetización y caracterización masculina.

Aquí es donde parte el principal conflicto, en la figura de la “sad girl” como algo aspiracional, aferrándose a problemas y conflictos internos que son percibidos como moda, algo que desde el ojo ajeno se puede percibir como sensual o deseable calando en la cultura. 

“Obviamente Doctor, usted nunca fue una niña de 13 años”

Una de las representaciones más claras de esto es la cinematografía de Sofia Coppola, la cual caracteriza a sus películas que giran en torno a la soledad e incomprensión de sus personajes principales, que generalmente son mujeres hegemónicamente bellas, en mundos privilegiados que sienten un disgusto por la realidad que se les presenta, retratando problemas cotidianos en escenarios que no lo son para todas nosotras. Pero si buscamos un ejemplo aún más específico, está su opera prima titulada “Las vírgenes suicidas” que muestra el trágico destino de cinco hermanas que son aisladas dentro de una burbuja, que les impide la autoexpresión y felicidad que cualquier adolescente necesita.

Pero no podemos olvidar que dicha película está narrada desde la perspectiva de los muchachos del vecindario, aquellos que fantaseaban con el aura de tristeza de las chicas, sin buscar la comprensión o empatía.

Creían que por ser mujeres tristes también podrían ser criaturas mágicas, como si la muerte y la tragedia las hiciera especiales. 

“Pretty when I cry”

La música pop no es algo que esté exento de esto, a lo largo de la historia hemos podido ver cómo las canciones que reflejan aquellos sentimientos más oscuros son de las más reproducidas, como al estar tristes escuchamos música aún más triste. Pero es verdad que hay algunos artistas que están más asociados con esta corriente, entre estos tenemos a Billie Eilish, Kurt Cobain, Lorde y por supuesto, Lana Del Rey, quién está relacionada como una de las máximas expresionistas de las “Sad Girl”, al evocar constantemente el dolor femenino de la autodestrucción, incomprensión y melancolía femenina. 

Primer plano de una mujer con lágrimas en el rostro, capturando una expresión de tristeza.

Y así cómo todos estos ejemplos hay muchos más, en la literatura tenemos libros como Mi año de descanso y relajación de Ottessa Moshfegh y, toda la obra de Silvia Plath, otra de las manifestantes de esta corriente por su desafortunado destino. En el cine tenemos un montón de representaciones; ¿cuándo no hemos visto alguna película en donde una de sus protagonistas pierda completamente la cabeza, teniendo conductas problemáticas? ¿o aquellos estéticos planos donde se puede ver la delicadeza de una sola lágrima corriendo por la mejilla de una mujer estereotípicamente bella? La verdad es que hay pocas representaciones cinematográficas que le hagan justicia a la complejidad o el trasfondo de la tristeza y los transitorios mentales en la mujer, lo que no quiere decir que haya algunas cintas que sí cumplan dicho cometido.

Hell is a teenage girl.

Hasta el momento, no existiría una solución concreta para este problema más que preguntarnos, ¿es en verdad esto un problema? Lo que quiero expresar a través de estos ejemplos, es que quizás toda esta corriente artística, moda, aesthetic o como quieran llamarle, es solo aquello que les da la oportunidad a los jóvenes para reflejar sus pensamientos, ser escuchados y sentirse identificados.

Esto gracias a que no respetamos al adolescente que se refugia en la cultura popular, asumiendo de inmediato que es algo banal y superficial, sin considerar la complejidad de esta etapa.

No eres un niño, pero tampoco un adulto, estás flotando en un vacío existencial y además te das cuenta de que el mundo está roto y eres consciente de esto, lo que hace que nos rompamos junto a él. Siempre se ha minimizado el sentir del adolescente y es por esto que ellos se refugian en modas, estilos y artistas para manifestar su tristeza, porque no se tienen las herramientas necesarias para expresarlo.

Por eso lo hacen desde el arte, una canción, una película o un libro, transmitiendo un mundo interior que no es tan visible.

Lo que nos lleva finalmente a concluir que todo lo planteado es algo que se nos ha escapado de manos, por el mero hecho de no comprender a los adolescentes que se hunden en una tristeza profunda, que sufren constantemente y están batallando una lucha en su interior, para ello el arte es la puerta de salida.

Con esto no busco normalizar comportamientos problemáticos, trastornos, enfermedades ni situaciones de alto riesgo, sino buscar la razón del por qué vemos a la cultura impregnada en el inconsciente de cada persona que se ha sentido identificada con un aesthetic y el cómo nuestras emociones y pensamientos más intensos se convierten en representaciones a través de la vía artística.

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