Perfección

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Réquiem por la perfección

Por Lucía Fonseca

¿Por qué sentimos que tenemos que ser buenos a la primera?

Tal vez compraste lápices para hacer lettering con el objetivo de relajarte y, al tercer intento, ya estabas frustradx por no lograr una obra digna de redes sociales. O te metiste a clases de cerámica y al primer intento pensaste: “así, llegaré muy cerca🫠”. Lo que comenzó como un hobbie se convirtió en una prueba de alto rendimiento. ¿Qué hay detrás de esta presión? ¿Por qué nos cuesta tanto permitirnos simplemente disfrutar?

Vivimos en una época donde todo parece tener que ser productivo y capitalizable. Esto alimenta la obsesión por ser vistos —y percibirnos— como expertos, ya sea por necesidad de validación interna o externa. Las redes sociales han apadrinado esta lógica, convirtiendo los hobbies en vitrinas, donde todo se exhibe como retail. Dicho esto, el resultado final se impone sobre el proceso, y pareciera que ya no hay espacio para equivocarse, jugar o simplemente aprender algo sin un propósito mayor. 

El fenómeno del perfeccionismo socialmente presionado, no es solo estético, tiene raíces profundas en cómo nos enseñaron a valorar nuestra valía.

Muchas personas tenemos la  idea de que si algo no se nos da bien desde el inicio, no vale la pena seguir intentándolo. Lo que “sale bien” se premia; lo que no, se corrige hasta alcanzar el éxito… o simplemente se descarta. Esta lógica se ha intensificado en la última década, en parte por la cultura de la gratificación instantánea. El “pick” de dopamina al que estamos expuestos constantemente nos ha condicionado a perder la concentración en menos de 15 segundos (hola, reels y TikToks), y eso afecta también nuestra capacidad de sostener procesos lentos, como aprender algo nuevo. A esto se suma un ritmo de vida impuesto, en el que incluso tener tiempo para cocinar comida casera y de calidad se ha vuelto un lujo.Y la secuela al crecer, es tener miedo de probar cosas nuevas por temor al ridículo o al fracaso.

Según la psicología cognitiva, el perfeccionismo está estrechamente relacionado con el miedo al juicio externo, al rechazo y al fracaso. La “voz crítica interna” nos dice que si no lo hacemos bien, no somos lo suficientemente capaces. Así, lo que debería ser una fuente de goce se transforma en un escenario ansioso y ‘’fuera de control’’.

Esto también se conecta con la mentalidad fija (Carol Dweck): La creencia de que nuestras habilidades son estáticas. Si pensamos que el talento es algo innato, no vemos sentido en practicar. Pero no todo está perdidos chicxs! pues la neuroplasticidad nos hace recordar que podemos adaptar y quitar algunos habitos/creencias/costumbres que no nos suman. Si cultivamos una mentalidad de crecimiento, entendemos que cualquier habilidad puede desarrollarse con tiempo, errores y paciencia.

Permitirnos ser principiantes es un acto de libertad. Ya sea en el área de las artes o algo más ‘’académico’’ cómo aprender un idioma nuevo o en mi caso, física cuántica y matemáticas. Hacer algo por el simple hecho de hacerlo, sin buscar validación, nos reconecta con el placer más puro de nuestra esencia humana. Ese placer que no tiene fines prácticos ni productivos, solo existencia y esa duda de ¿qué pasa si lo hago?.

Hay algo profundamente sanador en ser malo en algo y hacerlo igual. En dejar de buscar ser excepcional y abrazar lo ordinario. Darse permiso para ser ‘’penca’’, ya sea en un hobbie o algo que me de curiosidad experimentar. Esto último se ha vuelto una creencia crucial para mí desde que comencé a leer El camino del artista de Julia Cameron —un libro que quiero recomendarles desde un lado más personal. Y mencionar que no necesitas dedicarte al área de las artes para que te haga sentido. A mí me ha ayudado recuperar mi individualismo e identidad, también enfrentar aquellos miedos de comenzar cosas nuevas, o simplemente ir a lugares sola y conocer personas —o no.

Cubierta del libro 'El camino del artista' de Julia Cameron, con un fondo blanco y pinceladas de colores en la parte superior e inferior.

Quizás el mayor acto de rebeldía hoy es permitirnos disfrutar sin expectativas. No todo lo que hacemos necesita ser compartido o capitalizado, o quizás sí, y ahí también puede estar la magia. Finalmente, el meridiano de todo esto es algo muy personal y lleno de matices.

Sólo recordar que no necesitamos permiso para ser malos y dar cringe como quizás te pase con este artículo. La raíz es seguir, reírnos de nosotrxs mismxs y continuar sin pescar mucho al ego.

Si te gust´o el artículo de Lucía Fonseca, no te puedes perder Loser Behavior

Comentarios

3 responses to “Perfección”

  1. Avatar de Isa A.

    ¡Me encantó! Creo que era necesario leerlo en este minuto. A veces también lo planteo mucho y me alegra saber que a alguien más le hace el mismo sentido, gracias por este artículo, Lu 🫂💛

  2. […] Si te gustó el artículo de Lucía Fonseca, no te pierdas Réquiem por la perfección. […]

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