FOMO; ¿Y si no me estoy perdiendo de nada?

·

Vivimos hiperconectadxs. En teoría, nunca ha sido más fácil “estar en todas”: saber qué pasa, qué ver, qué hacer, qué opinar. Pero esa misma sobreexposición puede volverse una trampa: la ansiedad de sentir que deberíamos estar en cada evento, siguiendo cada tendencia, subiendo cada logro en busca de validación.

-Por Lucía Fonseca

El FOMO —Fear of Missing Out— es real. Pero también existe su reverso: perdernos las cosas con gusto, elegir el silencio, desconectarnos sin culpa. Porque sí, para mí no hay nada mejor que quedarme en casa viendo una serie y tomando café (quizás soy una abuela a mis 27 años, pero me hace feliz jajaja).

Las redes nos empujan a mostrar lo mejor de nuestras vidas, y también a consumir sin parar lo mejor de las vidas ajenas. Y eso agota. Irónicamente, hasta hacer un “detox digital” se ha convertido en otra tarea más por cumplir.

Un hombre parado en una intersección con semáforo en rojo, rodeado de un grupo de personas en movimiento borroso, que representan la hiperconectividad y la ansiedad social.

¿Perderse de todo? That’s hot.

Todo se convierte en contenido: cada libro, viaje o momento cotidiano. Y es demasiada información para nuestros cerebritos. Desconectarse ya no es solo una necesidad mental, es una forma de rebelión silenciosa. Aunque, claro, la paradoja es real: incluso la desconexión se vende. Apps de mindfulness, retiros sin wifi, journaling que promete liberarte y manifestar tus sueños… ¿realmente estamos desconectando o solo consumiendo otro tipo de contenido? 🤪

La respuesta no está en desaparecer, sino en recordar que no estar en todo también es vivir. Que la vida real no necesita likes. Que no pasa nada si no publicamos, si no asistimos, si no respondemos al instante.

Porque, aunque la hiperconectividad, las redes y hasta nuestras formas de trabajar nos empujen a vernos —y vivirnos— como “contenido”, no lo somos

Y basta un apagón, como el que vivimos en febrero o el que afectó hace poco a España, Portugal y Francia, para recordarnos lo frágil y artificial que puede ser todo esto.

Somos más que nuestras pantallas. Más que lo que posteamos. Y cuando se apaga todo, ahí es donde empieza lo real.

Perderse de algo no es perderse la vida. A veces, es justo lo contrario: es empezar a vivirla.

Si te gustó el artículo de Lucía Fonseca, no te pierdas Réquiem por la perfección.

Comentarios

Deja un comentario

Descubre más desde ROSA

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo