Libre, pero juzgada

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La doble moral que aún persiste

Valentina Montes Ahumada

¿Te has dado cuenta de que cuando decides por ti misma, siempre hay alguien dispuesto a opinar? Si sales sola, eres imprudente. Si no quieres hijos, eres egoísta. Si disfrutas tu cuerpo, eres provocadora. Dicen que hoy eres libre, pero te siguen midiendo con una regla que no elegiste. Y lo peor de todo, te enseñaron a sentir culpa por romperla. 

La sociedad te dice que puedes elegir, pero te castiga si eliges mal, según sus reglas. Puedes no casarte, pero que no se te note la felicidad. Puedes no ser madre, pero prepárate para justificarlo en cada reunión familiar.

Puedes alzar la voz, pero no demasiado fuerte, no muy seguido, no si incomodas al poder. En teoría, tienes opciones.

En la práctica, hay castigo simbólico para cada una de tus decisiones si no se ajustan a lo esperado. Por otro lado, si decides estar sola, priorizar tu bienestar o salir de una relación que no te hace bien, también lleva el juicio, como por ejemplo, “Te vas a quedar sola”, “Nadie te va a aguantar”, “Algo debe tener de raro”.

Una persona con botas negras tiene las piernas levantadas en un campo de flores amarillas bajo un cielo azul con nubes.

La idea de que necesitas completarte a través de otro sigue tan viva como disfrazada. Porque una mujer que basta a sí misma sigue siendo, para muchos, una amenaza. Sin embargo, cuando tomas la postura política, te etiquetan rápidamente como “resentida” o “extremista”.

Defender tus derechos aún incomoda a quienes prefieren que la igualdad sea solo un discurso, no una práctica. Te piden que luches sin molestar, que protestes sin gritar, que exijas sin incomodar. Pero, ¿cómo se transforma algo sin sacudirlo primero?

Lo más doloroso es que muchas veces no es un hombre el que te juzga, sino otra mujer. Porque esa mujer nos crio para competir, para vigilarnos entre nosotras, para señalar a la que rompe el molde. A veces esas cargas de no cumplir con lo que otras esperan de ti. Pero no estas traicionando a nadie por elegirte. Estás rompiendo las cadenas que muchas aún temen soltar.

Incluso cuando se habla de la libertad, tu cuerpo sigue siendo un campo de opinión colectiva.

Si decides abortar te llaman asesina. Si decides tener un hijo, te preguntan si dejaras tu carrera. Si subes de peso, opinan; si hace lo contrario del peso (me refiero si bajas de peso), también opinan. Si te muestras, escandalizas. Si te ocultas, decepcionas.

Retrato de una mujer parcialmente cubierta con plástico transparente, en un fondo oscuro, que refleja una sensación de lucha y restricción.

Todo el mundo se siente con el derecho a comentar sobre tu cuerpo como si fuera propiedad colectiva. Y aunque digan que ya somos dueñas de nosotras mismas, los discursos siguen inundados del control. Quizás la libertad que sueñas, no llegue mañana, pero cada vez que decides por ti misma sin pedir permiso, estas desarmando la doble moral que intenta encadenarte. Sigue siendo valiente, porque en tu libertad también se libera otras.

Libertad no es solo hacer lo que quieres, sino dejar de vivir bajo la mirada que te juzga. Que tu vida sea un acto de amor propio, porque solo así se romperán las cadenas invisibles que aun te atan. 

Si te gusto el artículo de Vale Montes, no te pierdas Pareja, soltería o poliamor.

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