El ciclo de inestabilidad que sacude al Perú.
En el Perú, la figura de la vacancia presidencial, es decir, la destitución del presidente de la República antes del término de su mandato ha adquirido un protagonismo creciente en los últimos años, hasta el punto de convertirse en un factor clave de inestabilidad política.
Por Walter Velasquez
Según el artículo 113 de la Constitución Política del Perú, el cargo presidencial puede quedar vacante por muerte, incapacidad moral o física declarada por el Congreso, renuncia aceptada por éste, o salida del territorio sin permiso o sin retorno.

Particularmente polémica es la causal de “incapacidad moral permanente”, cuya ambigüedad ha sido señalada como puerta de entrada para vacancias motivadas más por coyunturas políticas que por causas objetivas.
La vacancia por incapacidad moral no es una figura reciente: ya desde la Constitución de 1839 se contemplaba que el presidente podía ser declarado incapaz moralmente por el Congreso. Sin embargo, el uso sistemático y frecuente de esta herramienta en la actualidad ha puesto al país en un ciclo de crisis institucional. Desde 2016, ningún presidente peruano ha cumplido su mandato completo de cinco años. Este dato habla por sí solo de la gravedad del fenómeno.
La vacancia solo trae caos político:
El problema central radica en que la vacancia en lugar de operar como mecanismo de emergencia se ha convertido en un recurso político que debilita al Ejecutivo, paraliza la gobernabilidad y atemoriza tanto a los actores públicos como a los ciudadanos. Cuando el Ejecutivo vive pendiente de una posible destitución, adopta una lógica de gobernar para sobrevivir, lo que reduce la capacidad de gestión, dificulta la planificación a mediano y largo plazo y favorece el corto plazo político. Esta tensión permanente crea un ambiente de incertidumbre, que se ve reflejado en la economía, en la confianza ciudadana y en la percepción internacional del país.

Veamos los dos casos recientes:
El caso de Pedro Castillo
Pedro Castillo asumió la presidencia el 28 de julio de 2021, respaldado por una fórmula política que representaba a sectores rurales y sindicales. Ya desde su primer año el Ejecutivo chocó con el Legislativo, que intentó varias veces vacarlo por la causal de incapacidad moral. En marzo de 2022, por ejemplo, el Congreso rechazó un pedido de vacancia con 55 votos a favor, 54 en contra y 19 abstenciones.
Finalmente, el 7 de diciembre de 2022, tras que Castillo anunciara en cadena nacional la disolución del Congreso (lo que fue considerado un intento de autogolpe), el Congreso lo vacó con 101 votos a favor por “incapacidad moral permanente”. La abrupta destitución generó protestas masivas, particularmente en regiones andinas, y decenas de muertos. Este episodio muestra lo que ocurre cuando una vacancia se convierte en herramienta de crisis: el orden institucional se resquebraja, la sucesión genera dudas, y el país queda sumido en una inestabilidad profunda.
El caso de Dina Boluarte
Dina Boluarte asumió la presidencia tras la vacancia de Castillo, en diciembre de 2022. Su mandato, sin embargo, ha estado marcado por una serie de mociones de vacancia recurrentes. En octubre de 2025, el Congreso aprobó la vacancia de Boluarte con 122 votos a favor, declarando su permanente incapacidad moral.
Las mociones en su contra señalaban acusaciones de corrupción, abandono de funciones, mala gestión de la seguridad ciudadana y uso irregular de recursos oficiales.
El uso reiterado del mecanismo contra ella refuerza el patrón de gobernabilidad inestable, donde el Ejecutivo vive bajo amenaza constante de destitución, lo que lo debilita y obliga a distracciones políticas en lugar de gestión.
Además, la percepción de que el Congreso actúa como árbitro o destructor del Ejecutivo y no como un poder equilibrador reduce la credibilidad institucional.
Ingreso de José Jerí
Una vez producida la vacancia de Boluarte, ingreso en ese entonces el presidente del Congreso José Jerí, quien a inicios del presente año había protagonizado un presunto acto de violación en una fiesta de año nuevo. Una vez en el poder, anunció un gabinete centro, pero con figuras políticas de derecha. A pesar de su ingreso, distintos colectivos ciudadanos tenían planificado protestar el 15 de octubre. De lo que se convirtió en una marcha pacífica, terminó en una pesadilla.
Ese mismo día, durante la manifestación en el centro de Lima (en los alrededores de la Plaza Francia / el Cercado de Lima), el rapero peruano Truko recibió un disparo en el tórax mientras se encontraba en un punto de la protesta que ya estaba siendo dispersada.
La muerte fue causada por una bala. Las investigaciones atribuyen el disparo al suboficial de tercera Luis Magallanes, perteneciente a la Policía Nacional del Perú (PNP), según confirmó el general Óscar Arriola. Después del impacto, Truko fue trasladado al hospital (Hospital Nacional Arzobispo Loayza), pero lamentablemente falleció antes de recibir atención vital que permitiese su recuperación.
Su muerte generó indignación en la comunidad de hip-hop, manifestaciones de solidaridad, vigilias y reclamos de justicia por parte de sus colegas y redes de artistas urbanos. Ello también trajo varios heridos, entre ciudadanos, adultos mayores y varios universitarios detenidos.
Miedo e inestabilidad
Estas vacancias generan miedo e inestabilidad por varias razones. Primero, el mensaje que se envía es que ningún presidente está seguro, que el mando puede quitarse de un día para otro según los vaivenes parlamentarios.
Esto desgasta a los gobernantes, que ven cada política pública como un riesgo personal de quedar vacados.
Segundo, para la ciudadanía y los actores económicos, la gobernabilidad se vuelve impredecible: decisiones estratégicas se posponen, inversiones se retraen, porque el entorno para el liderazgo es frágil. Tercero, se produce un efecto dominó de desconfianza: cuando se vaca un presidente y el sucesor vive bajo sospecha o amenaza inmediata, la legitimidad del nuevo gobierno queda cuestionada, y el círculo de crisis se perpetúa.
Adicionalmente, cuando la vacancia se vuelve una herramienta relativamente frecuente, se rompe el pacto político que requiere estabilidad para que las instituciones funcionen. El Legislativo y el Ejecutivo quedan atrapados en una dinámica de hostilidad mutua, y la vacancia se transforma en un arma política más que en un mecanismo constitucional extraordinario.
Este escenario alimenta un clima de miedo: miedo a que el orden cambie, miedo a que el poder sea arbitrario, miedo a que los votantes y los gobernantes pierdan el control de lo que ocurre.
Artículo por Walter Velásquez


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