Hablemos de Cloud Dancer, el color del año de Pantone:
Como cada diciembre, Pantone compartió al mundo el color que definió para el año entrante. Al 2026 le tocó un “blanco roto” (o sea que no es puro), llamado Cloud Dancer (bailarín de nubes). A pesar de tratarse del color más simple de todos, su elección incendió la conversación digital con muchas críticas al respecto. Por eso hoy vamos a repasar brevemente qué conexión existe entre Pantone, la moda y el poder.
Por Dolores Dominguez.
Hay escenas de películas que trascienden hasta formar parte del ADN de la cultura pop, un buen ejemplo se encuentra en El Diablo viste a la moda (Devil wears Prada), cuando Miranda Priestly (Meryl Streep) le contesta a Andy (Anne Hathaway) con su monólogo sobre el sweater color cerúleo, luego de que la segunda se riera y redujera a “todas estas cosas” a la industria de la moda.

¿Qué destaca de ese discurso?
Que incluso si no tenés ni idea de quién es Bella Hadid, la ropa que usas no es, en última instancia, una decisión libre, más bien, todas las opciones que llegan a las tiendas – desde las más caras y exclusivas hasta las más masivas – son definidas e impuestas por la élite de la moda. Acá es donde Pantone entra en juego: este año determinó que el color representante es una tonalidad de blanco llamada Cloud Dancer, que busca ser “un susurro de paz y tranquilidad en un mundo ruidoso”. Esto último tiene sentido, ya que la hiperconectividad y el estado de urgencia y crisis en el que vivimos nos conducen inevitablemente a la histeria. Sin embargo, internet se llenó de columnas que critican la elección de Pantone, ¿por qué?
¿Por qué hablamos de Pantone?
En el mundo de la moda existe una teoría llamada trickle-down fashion (algo así como “teoría del derrame en la moda” y sí, te puede sonar por la teoría económica del derrame). Esta teoría propone que todas los cambios que ocurren en la industria primero se construyen y adoptan dentro de un círculo limitado de personas, correspondiente a las clases más altas. De allí, las tendencias van bajando hasta estar disponibles para todos los grupos sociales, es decir, la moda se crea verticalmente de arriba hacia abajo (aunque también está la contrapropuesta del trickle-up fashion).
Pantone tiene sus orígenes en 1956 en Nueva Jersey, EE. UU. y es reconocida a nivel mundial por ofrecer una estandarización cromática o sistemas de color universales. Este lenguaje de números y nombres propios otorgados a cada color facilita su identificación, uso y reproducción, ya que se asegura que el color en cuestión sea el mismo en cualquier soporte y en todo el mundo. Estos años de recorrido y sus propuestas del Pantone Matching System y del Pantone Fashion, Home + Interiors, que capitalizan globalmente como mercancía, le otorgan prestigio y transforman a la empresa en una verdadera autoridad del color.
Por eso, cuando Pantone señala el color del año, no se trata de una acción aislada, sino que se está comunicando una lectura concreta sobre el contexto social, político y hasta económico de una época, así como se puede esperar la predominancia del tono en diversas industrias, incluyendo la ropa. Después de todo, se supone que se trata del color del año, ¿no? De alguna forma, debería representarlo.

El poder simbólico del blanco
Partiendo de la psicología del color, se entiende que este tiene efectos en la conducta humana. Asimismo, cada cultura le asocia significados a los colores, por eso el negro es relacionado con el luto en occidente y el rojo con la felicidad y la prosperidad en China. De esta manera, desde Pantone se sostiene que Cloud Dancer busca ser la calma necesaria para llegar a la creatividad.
No obstante, otras voces no coinciden con esa explicación y manifiestan que el blanco equivale a la paz (inexistente en el ámbito internacional), a la neutralidad y al silencio ante las injusticias (tan vigentes en incontables países) y a un color imposible de ser usado en la cotidianidad por la gente que no lleva un estilo de vida cómodo y pausado como el que se pueden garantizar las clases altas, para quienes ensuciar su ropa no es un problema.
Al final del día, la verdad sostenida por Pantone es una interpretación, igual que las críticas. De todos modos, asoma un hecho: en un mundo convulsionado por los discursos de odio, asediado por la desigualdad y sacudido por los conflictos internacionales, el receptor de Pantone alude a países con el poder de asegurar la serenidad y a sectores que cuentan con los recursos para encomendarse al proceso creativo y a la exploración del espíritu.


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