El gran Nippón

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Sobre el autor

Esteban Rodríguez, más conocido como Tebi (@tebi_rod), es Director Creativo de 36 años y vive en Buenos Aires. Su universo creativo parte de un juego: tomar una imagen —muchas veces sin contexto— y construirle una historia propia. En colaboración con su amiga, la artista Jaki, crea un particular “crossover” donde la pintura inspira relato y la imaginación completa lo que no se ve.

En este caso, a partir de la obra El Gran Nippón, Tebi nos invita a recorrer una memoria íntima sobre la infancia, el paso del tiempo y el valor de habitar la foto real de nuestra vida.

El Gran Nippón.

Fachada de una tintorería llamada 'Gran Nippon', con un letrero amarillo sobre fondo oscuro y una puerta verde. Se pueden ver prendas de ropa colgadas detrás del vidrio.

Corría el año 1996, yo era un pequeño Nippón en una calurosa y florida Buenos Aires.
No teníamos mucho que hacer en aquellos tiempos: era la escuela, el fútbol, la bolita en la vereda…Pero mi contextura era flacuchenta para la pelota, tampoco me
entusiasmaba demasiado lastimar mi pulgar con una bolita de vidrio; mi único pasatiempo era una cámara fotográfica de juguete que se la había garroneado a algún
compañero de la escuela.
Recuerdo haber sido feliz con aquella cámara de plástico ya que me permitía imaginar una escena, adjudicarle una historia y hasta lograba asignarles sus olores. Pasaba
horas buscando un buen encuadre, me tiraba al piso, esperaba el movimiento del sol para la sombra perfecta… hasta un día me recuerdo cerrar los párpados con mucha
fuerza por horas para luego abrirlos de manera repentina y emular un flash con el brillo de mis ojos.
¡Tanto me gustaba este ejercicio que se transformó en rutina!
Me alegraba mucho tomar fotos de los clientes que entraban a la tintorería comandada por mis padres, lugar el cual llamábamos “hogar” porque de noche dormíamos en el fondo, allí de entre recovecos y lavadoras. Muchos personajes excéntricos pasaban por allí y yo con mi súperpoder creativo pegado a mi cámara de plástico, me aseguraba de hacerme la tarde imaginando cualquier tipo de historia con la señora de boina verde, con el flaco de lentes y rulos, con los delantales del panadero… Mis padres los atendían con exagerada dedicación y entusiasmo, aunque con el tiempo el desgano comienza a tomar protagonismo y con los años eso se traduce en quejas y frustraciones, porque claro la atención al cliente no es para todos y la vida no es tan corta como dicen.
Pasado y entrado los años, he dejado de ser un niño para convertirme en adolescente y luego en joven adulto: deje de imaginar historias para vivirlas.
Progresivamente tuve que entregarme a asistir a mis padres, hasta llegar a ponerme del otro lado del mostrador y así vivenciar los últimos lavados de la señora de boina, el
deterioro del flaco de rulos y el comando del hijo del panadero. Hay pequeños hitos como estos que nos invitan a ver en perspectiva, nos llevan a esbozar un texto y hacer

de aquel tiempo, una realidad.

Tal vez no tenga (tanto) que ver con la melancolía o el
añoro de aquello que fue, sino para meramente poner pausa de vez en cuando, detenernos y felicitarnos por todo lo construido; apreciar aquello unos segundos, para
luego resumir en que aún nos quedan unos cuantos escalones más para construir hacia adelante y así nuevamente (como destino circular) después de un tiempo volver a mirar con perspectiva. Y de este cúmulo de enseñanzas, de historias, de melodías y aprendizajes se construye mi actual vida humilde como “Gran Nippón”.

Es abril de 2023 en un húmedo suelo de Caballito. Mis viejos ya no están, el negocio creció y sigo detrás del mostrador. Ya no me quejo de los clientes porque claro, tengo a Yu Lee. Mi niña recién nacida quien me recuerda y enseña lo verdaderamente valioso de la vida, y también me anticipa que aún nos quedan muchos más escalones por
construir. Esa es hoy la fiel foto de mi vida y esta vez, es una foto real 🤍.

La historia puede tener muchas conclusiones, cada quien elige la suya y me encantaría leerlos aquí abajo. Por lo pronto les comparto la mía:
Imaginar es buen don y soñar una linda experiencia, pero vivamos el hoy apreciando nuestra foto real, la de aquí, la que envuelven estos brazos, la de ahora.

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