Las batallas internas de Sofía, sus desafíos, caídas y el camino hacia la estabilidad emocional.
Entrevista a Pascale Christiansen, Médico Cirujana y Becada Psiquiatría U Andes
Por Fernanda Cruz
A las 7 de la tarde Sofía apaga su compu y corre al ascensor para llegar rápido a su casa, cambiarse de ropa y arreglarse para ir a la casa de Gastón, jefe de su pareja.
En su departamento se pinta, cantando Entre dos Tierras de Heroes del Silencio, que suena a todo volumen.
“…
Si yo no tengo la culpa de verte caer.
Pierdes la fe, cualquier esperanza es vana
Y no sé qué creer
Pero olvídame, que nadie te ha llamado
y ya estás otra vez…”
Sofía se mira en el espejo, pero no le gusta lo que ve. “Aaaarrrgggh a nadie le voy a gustar”, grita. Se cambia de ropa tres veces, se hace una cola, se la suelta y se la vuelve a hacer. Se saca los zapatos y los tira contra el espejo, quebrándolo en mil pedazos. Con una mente que salta entre pensamientos y emociones, ella lucha por encontrar un equilibrio en su mundo lleno de colores intensos y de negros. Atrapada en sus pensamientos y emociones, pierde la noción del tiempo.
Cuando finalmente llega donde Gastón, más de una hora tarde, su pareja está muy enojada. Sofía trata de explicar, de expresar cómo sus propias batallas internas la habían retrasado, pero ésta no era la primera vez.
«Esto era importante para mí, Sofía. Pensé que esta noche significaba tanto para ti como para mí. No entiendo por qué siempre te pasan estas cosas.»
«Perdón, no quise hacer esto. Me atraparon mis problemas y perdí la noción del tiempo. Sé que esto era importante para ti, y me preocupé de arreglarme, pero nada me quedaba bien. Lamento haberte decepcionado.» Explica ella intentando suavizar la situación.
«Entiendo que todos tenemos problemas, pero esto se está convirtiendo en un patrón, Sofía. No puede seguir inventando excusas por ti y quedando siempre en segundo plano.»
Las relaciones de Sofía se caracterizan por altibajos emocionales. Parte intensa y llena de amor, pero pronto se ve envuelta en inseguridades y miedo al abandono. Esto lleva a ciclos de cercanía y distanciamiento que causan malentendidos y conflictos con sus parejas, quienes luchan por entender sus bruscos cambios pero terminan dejándola.
La discusión que marcó el fin de esta relación fue intensa y emocional, llena de acusaciones, gritos y llantos. No era la primera vez que discutían, pero esta vez algo había cambiado: la tristeza y el agotamiento eran palpables. De vuelta en la casa de Sofía la pelea escaló, las palabras hirientes volaban sin control, hasta que Sofía quedó sola, llorando en el suelo de su pieza. Tenía uno de los pedazos del espejo en su mano y pensó que quizás si se cortaba, ese dolor apaciguaría lo que sentía adentro. Ya no sabía qué hacer. Solo sabía que no quería sufrir más. Soltó el espejo, abrazó su almohada y lloró hasta dormirse.
La situación de Sofía refleja características comunes del Trastorno Limítrofe de Personalidad (TLP), como la intensidad emocional -especialmente la ira y angustia-, el miedo al abandono y la dificultad para mantener relaciones estables. Sus batallas internas, y cómo éstas afectan sus interacciones sociales, muestran cómo el TLP puede impactar la vida diaria y las relaciones íntimas. Las peleas con su pareja y sus constantes atrasos por perder el control de sí, son ejemplos de cómo estos rasgos pueden manifestarse y afectar a los demás.
Después de años de lucha interna y relaciones tumultuosas, Sofía está sentada en el sillón de su terapeuta. Allí, por primera vez, escuchó sobre el TLP. Las piezas comenzaron a encajar: su miedo al abandono, su autoimagen fluctuante, su ira inexplicable y sus episodios impulsivos empezaron a tener sentido.
Con la ayuda de su terapeuta, Sofía comenzó con Terapia Dialéctica Conductual (DBT, por sus siglas en inglés), un tratamiento diseñado para personas como ella. Aprendió a observar sus emociones sin juzgarlas, a aceptar el dolor y el sufrimiento como parte de la vida y a encontrar un equilibrio entre aceptación y cambio. La terapia no fue fácil; requería constancia, valentía y mucha autoreflexión.
Poco a poco, Sofía empezó a ver cambios en su vida. Los momentos de calma se volvieron más frecuentes y las tempestades emocionales, aunque todavía presentes, se hicieron más manejables. Aprendió estrategias para afrontar el miedo al abandono, para comunicarse de manera más efectiva y para regular sus emociones intensas. Los ejercicios de mindfulness la ayudaron a anclar su mente al presente, disminuyendo las preocupaciones por el futuro y los remordimientos del pasado.
El viaje de Sofía no fue sencillo, y el TLP es un compañero de vida con el que tuvo que aprender a convivir. Pero cada paso adelante en su terapia fue un paso hacia una vida más equilibrada y satisfactoria. Sofía aprendió que, aunque no puede controlar la tormenta, sí puede aprender a navegar en sus aguas. Con apoyo, comprensión y herramientas adecuadas, encontró la esperanza y la fuerza para seguir adelante, redefiniendo su relación consigo y con los demás.
La historia de Sofía es un recordatorio que incluso en la confusión y el caos, hay esperanza y posibilidad de cambio.
* los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de los pacientes

Si necesitas ayuda o apoyo para ti o para alguien cercano, no dudes en contactar a One Health, donde trabaja la Dra. Christiansen, o al centro médico más cercano.


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