— Conversamos con Medea sobre emociones, música y autodescubrimiento
Por Lucía Fonseca
En uno de sus últimos escritos, Medea comparte algo que muchas personas de nuestra generación podrían suscribir: la dificultad de reconocer y poner en palabras lo que sentimos.

Su texto es una exploración honesta sobre cómo aprendió a identificar las emociones —primero desde fuera, observando a otros— hasta encontrar en la música un lenguaje propio para procesarlas.
A través del canto, Medea descubrió una forma de conectar con lo que a veces el cuerpo siente, pero la mente no logra nombrar.
Entre referencias a canciones que la han acompañado en momentos difíciles, reflexiones sobre neurodivergencia y sensibilidad, y una mirada casi científica a la relación entre música y emoción, su relato es una mezcla preciosa de vulnerabilidad, curiosidad y poder creativo.
Conversamos con ella sobre ese proceso, sobre lo que significa habitar las emociones desde la voz y sobre el peso —y la magia— de ser una persona que siente profundo.

ENTREVISTA
- En tu texto hablas de cómo, durante mucho tiempo, reconocer las emociones era algo lejano para ti, algo aprendido desde la observación o la imitación. ¿Qué cambió cuando empezaste a conectar con lo que sentías a través del canto?
Lo chistoso es que es algo que se fue dando con el tiempo, sin darme cuenta de que lo estaba haciendo hasta que fue más recurrente y es ese momento en que algo hace click y dices “Oh, es esto lo que está pasando, es esto lo que siento”.
No sabría decir qué exactamente es lo que ha cambiado, pero lo que sí ha sucedido es que ya lo tengo presente en mi cabeza como una herramienta a la que recurrir cuando necesito un poco de “guía” en ese sentido, escuchar y pensar “no, por ahí no va la cosa”, un poco de proceso de ensayo y error hasta que resulte algo.
- Mencionas que cantar se convirtió en una especie de “amuleto emocional”, una forma de liberar lo que no podías poner en palabras. ¿Recuerdas alguna canción o momento donde hayas sentido esa catarsis con más fuerza?
Uff, han sido varios los momentos, pero si me preguntas en este momento, aquellas que más estuvieron conmigo en momentos difíciles fueron canciones de la franquicia IDOLISH7 (puntualmente Silver Sky, Dis One y Ame), mi querido Sound Horizon (Stardust, Kono semai torikago y Haritsuke no Seijo) y actualmente Jane Doe de Utada Hikaru y Kenshi Yonezu, sin mencionar Golden de las HUNTRIX.
Quizás nombré demasiadas pero creo que lo que traen como hilo conector es que me generan emociones intensas y esa respuesta como visceral (que hasta donde pude investigar se conoce como “Efecto Frisson” o escalofrío estético) y que proyectan una sensación de progreso, de superación, y también conexiones emocionales con alguien importante.
Y creo que no había hecho esta conexión hasta ahora que la estoy escribiendo, no me he puesto a analizarlo desde el punto de vista musical en busca de algún acorde en común.
- Me llamó la atención cómo describes la diferencia entre la técnica vocal y la emoción real al cantar. ¿Cómo fue para ti reconciliar esas dos cosas —la autoexigencia y la autenticidad emocional— dentro de tu proceso creativo?
Creo que es algo bien complejo reconciliar la autenticidad por sobre la autoexigencia en un mundo que nos pide producir, en un mundo sobreconectado y sobreexpuesto en las redes sociales, y cuánto de eso terminamos adoptando como la norma o lo esperado para alguien que se dedica a crear y no ceder a esa presión social.
En mi caso siempre me ha gustado como un hobby, pero hubo un tiempo que sentía presión indirecta por mi entorno, esa crítica que luego terminé internalizando y haciéndome dudar de cada pequeño detalle y desafinación. Ha sido un proceso bastante lento ir dejándolo en pos de la autenticidad: hacer lo que quiero porque quiero hacerlo y porque es lo que se siente natural y real, cantar para disfrutarlo aunque no sea perfecto.
Por otro lado, en cuanto a la escritura, ha sido aún más lento de implementar en ese sentido, pero es algo que quiero trabajar, y es por lo mismo que hice un escrito que hablaba de lo mismo: el querer ser imperfecta pero que sea lo que disfrute y lo que llene, lanzarme a la aventura por decirlo así y no quebrarme tanto la cabeza.
- En tu texto también mencionas investigaciones sobre cómo la música puede ayudar a reconocer emociones o procesarlas. ¿Qué te llevó a investigar eso y qué descubriste sobre ti en el proceso?
El querer investigar siempre ha sido algo intrínseco en mi, desde uno que otro libro o enciclopedia cuando estaba más chica, luego Wikipedia en sus inicios, pasando de una página a otra y a la siguiente sólo porque era algo que me apasionaba y de lo que quería saber más (fuera algo científico, novelístico, sobre mitología, videojuegos y su lore, lo que me llamara la atención en el momento), ahora solamente es algo dentro de fuentes validadas y sólidas.
Sobre este tema en puntual, quería ver si a alguien más se le habría ocurrido hacer algo con bases y con un respaldo y ver qué habían descubierto, y claro, terminé por encontrar una instancia de sentirme validada (digo, cuando ya hasta un estudio científico serio valida algo, por algo será) y sentir que voy bien encaminada y que puedo aplicar un poco esto en mi vida diaria.
- Hay algo muy potente en la idea de que las personas que crean —música, arte, letras— tienen el poder de ser “la luz que alguien necesita en medio de la oscuridad”. ¿Qué significa para ti ser artista desde ese lugar?
Normalmente diría que me siento con una responsabilidad importante encima, pero no puedo echármela a la espalda.
De todas maneras, sí tengo la convicción de compartir lo que siento, o compartir ciertas problemáticas o dificultades. A veces creo que una piensa que no vale la pena compartir alguna vivencia, después de todo ya es algo común.
Y no siempre es así, quizás justo algo puntual o la forma que uno tenga de contarlo le llega a alguien por sobre la forma que pueda tener otra persona, o existe un algo que resuena y sea justo lo que alguien necesitaba para sentirse acompañado en algún proceso que estuviera viviendo y decir “Wow, no estoy sola/o en esto, alguien también pasó por lo mismo” o puede que sea algo que te haga sentir cobijado, como si estuvieras junto al calor de un fuego cuando buscas refugio.
Finalmente, lo que para mi significa, es que me haría muy feliz si al final del día puedo lograr ese tipo de conexión con alguien que lo necesite.
- Finalmente, ¿qué te gustaría que quienes leen tu texto se lleven de esta reflexión sobre la música, la emoción y el autoconocimiento?
Que es una quien sabe al final del día qué es lo que siente, pero por otro lado, que entiendan que en el caso contrario es totalmente válido buscar apoyo en fuentes externas como la ficción o la música para lograr conectar con nuestros sentimientos y alcanzar algún tipo de autoconocimiento, y que así como yo pude agarrarme de la música para ello, puede que para alguien haya ese “algo” que le ayude a expresar cosas que antes no sabía cómo conseguirlo.
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