El Congreso peruano destituye a José Jerí:
Y cometeremos el mismo error de siempre
La moción de censura aprobada con 75 votos a favor marca el fin de su breve mandato y agrava la inestabilidad política a meses de las elecciones generales.

Antecedentes del escándalo
José Enrique Jerí Oré, congresista de Somos Perú, asumió la presidencia el 10 de octubre de 2025 tras la vacancia de Dina Boluarte por «incapacidad moral permanente». Elegido presidente del Congreso en julio de 2025 con 79 votos, su ascenso fue transitorio hasta julio de 2026. Sin embargo, apenas cuatro meses después, enfrentó acusaciones por reuniones no registradas con el empresario chino Zhihua Yang, vinculadas al «Chifagate» y un decreto de urgencia para Petroperú por S/240 millones, interpretado como intento de privatización.
Estas encuentros, algunos con el rostro cubierto y usando el «Cofre» presidencial, generaron siete mociones de censura por presunto tráfico de influencias y tráfico de rocinante ilegal. La Fiscalía abrió investigaciones, comparándolos con escándalos previos de Pedro Castillo y Boluarte. Jerí negó irregularidades, pero el Congreso rechazó tratarlo como vacancia plena, optando por censura rápida.
El proceso de destitución
El 17 de febrero de 2026, el Pleno aprobó la moción con 75 votos a favor, 24 en contra y 3 abstenciones, pese al blindaje inicial de Fuerza Popular. Bancadas como Perú Libre, Juntos por el Perú y no agrupados impulsaron la medida desde enero, recolectando firmas suficientes. PCM y Fuerza Popular defendieron estabilidad preelectoral, argumentando falta de pruebas concretas, pero el apoyo se evaporó.
La censura, distinta de la vacancia (que requiere 87 votos y causa grave), permite una salida exprés sin pleno debido procesal. Jerí no asistió a la sesión final, alegando falta de garantías defensivas.
Análisis imparcial: fortalezas y fallas
Jerí prometió reconciliación y lucha contra la criminalidad, pero su gestión priorizó seguridad sin resolver la fragmentación congresal. Críticos destacan opacidad en reuniones que erosionaron confianza pública, en un contexto de hartazgo ciudadano (más del 60% rechaza al Congreso). Sus defensores ven un golpe político de la izquierda para desestabilizar preelectoralmente.
Imparcialmente, el caso revela abusos del Congreso: herramientas como censura y vacancia, ambiguas constitucionalmente, han derrocado ocho presidentes en una década, debilitando el Ejecutivo. Esto no justifica presuntas irregularidades de Jerí, pero cuestiona si la indignación basta sin condenas judiciales firmes.
Consecuencias inmediatas y a largo plazo
Inmediatamente, el Congreso elegirá nuevo presidente de su Mesa Directiva posibles María del Carmen Alva (Acción Popular) o José María Balcázar (Perú Libre) para asumir interinamente hasta julio 2026. Esto activa la transición hasta elecciones de abril, con más de 40 partidos y candidaturas personalistas pronosticando caos. Ahora recuerden ello: Alva podrá convertirse en presidenta, ya que es la favorita de las bancadas congresales.
A largo plazo, profundiza la crisis: Perú suma su octavo mandatario caído sin completar mandato, fomentando inestabilidad, baja legitimidad y hartazgo (encuestas muestran vergüenza institucional). Económicamente, genera incertidumbre inversora; políticamente, fortalece Congreso sobre Ejecutivo, arriesgando colapso democrático rumbo 2026. Reformas constitucionales urgen para blindar estabilidad, pero la fragmentación las hace improbables.
No hemos aprendido
Y si, seguiremos cometiendo el mismo error de siempre: no saber elegir bien. Las elecciones han pasado de ser un tema serio a ser simplemente un entretenimiento o momento de joda, en que peruanos y peruanas no tienen la mínima idea de las elecciones que hacen, teniendo terribles consecuencias como las de hoy. Esta vez se vacó a un presidente fiestero e infantil. A solamente casi dos meses de las nuevas elecciones del 2026, ¿Se vendrán más vacancias? ¿Tendremos 20 presidentes? ¿La economía se salvará? Quien diría que un chifa (restaurante de comida china-peruana) sería una pieza clave de una caída, probablemente la más tonta de la historia política peruana.


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