En un escenario donde el maquillaje se mueve entre la técnica, la intuición y la expresión personal, Camila Huerta construye un lenguaje propio. A través del color, las texturas y el gesto, su trabajo dialoga con lo artístico tanto como con lo emocional, explorando el rostro como un espacio creativo y narrativo.
En esta entrevista, conversamos con Camila sobre sus procesos, referentes e inquietudes actuales, pero también sobre lo que significa crear desde la sensibilidad, el oficio y la búsqueda constante de identidad dentro del maquillaje contemporáneo.
Por Lucía Fonseca
¿Cómo nació tu interés por el maquillaje y en qué momento decidiste convertirlo en tu proyecto profesional?
“Honestamente, dedicarme al maquillaje no fue una decisión tan consciente. Mi primer interés, más que el maquillaje, fue el arte y la moda.”- El maquillaje no fue una decisión planificada para Camila. Su interés inicial estaba más cerca del arte y la moda: desde pequeña seguía desfiles, leía revistas como Vogue y exploraba plataformas como Fotolog y Flickr, donde comenzó a conectarse con fotógrafos y a participar en sesiones como modelo.
En ese contexto empezó a acercarse al maquillaje casi por necesidad. Muchas veces en las sesiones no había maquilladores y le pedían que se maquillara ella misma. “Lo empecé a ver como una necesidad: no me sé maquillar y cada vez me están pidiendo más que me maquille yo, entonces quizás debería aprender.”
El punto de inflexión llegó cuando postuló —sin experiencia— a trabajar en una tienda de maquillaje en Viña del Mar. Allí descubrió el oficio de cerca y encontró mentores que terminaron de encender su interés.
“Entré a trabajar a la tienda y me enamoré del maquillaje gracias a los educadores y referentes que tuve ahí.” Desde entonces, el camino se fue dando de manera natural. “De alguna manera la vida me llevó ahí y nunca me salí de ese camino.”

Tu trabajo destaca por su sensibilidad y estética muy propia. ¿De dónde sacas tu inspiración al crear looks, y cómo influye tu entorno en eso?
Para Camila, la inspiración depende mucho del contexto en que se realiza el maquillaje. En muchos casos, explica, su rol responde a una necesidad concreta del cliente.
“Muchas veces el maquillaje cumple la función de servicio… Yo necesito dar respuesta a la necesidad de mi cliente.” Pero en espacios como la moda o lo editorial, el maquillaje puede transformarse en una expresión más personal. “Cuando el maquillaje se vuelve más expresión… tenemos la posibilidad de poner un poco más de quién soy y de mi visión.” Aun así, recalca que ese resultado creativo siempre es colectivo: “es como una obra de muchos autores.”
Has trabajado en distintos estilos (editorial, artístico, social). ¿Qué diferencia el maquillaje para ti según el contexto en el que lo aplicas?
Para Camila, la diferencia entre los distintos tipos de maquillaje no solo depende del contexto, sino también del entorno creativo que la rodea. Gran parte de su estilo y sensibilidad se ha construido gracias a las redes de colaboración que ha formado con fotógrafos, estilistas, modelos y otros artistas.
“Creo que si mi trabajo se puede reconocer con cierta estética o cierta sensibilidad, ha sido fundamentalmente por quienes me rodeo.”
Ese círculo creativo le ha permitido explorar distintas áreas del maquillaje, tanto en su trabajo profesional como en la enseñanza. Desde la moda y el drag hasta el anime, el cosplay o las tribus urbanas, muchas de sus referencias nacen también de intereses compartidos con su comunidad creativa.
“Tengo mucha fortuna por el entorno que tengo, porque son personas que también quieren explorar esas estéticas y sensibilidades.”
¿Qué es lo más desafiante de trabajar con diferentes tipos de piel, rostros o personalidades a la hora de maquillar?
Para Camila, trabajar con distintos tipos de piel es parte esencial del oficio. Desde tonos muy claros hasta pieles oscuras, sensibles o con textura, la experiencia se adquiere sobre todo en la práctica.
“Trabajar con distintas necesidades de pieles, edades y tonos es algo que deberíamos tomar desde la formación… pero al final uno termina de formarse simplemente maquillando en distintos rostros.”
Sin embargo, asegura que el verdadero desafío no siempre es técnico, sino humano. En su carrera ha tenido que adaptarse a contextos muy distintos, desde novias nerviosas hasta figuras políticas. Recuerda, por ejemplo, cuando maquilló al presidente Gabriel Boric para su primera Cuenta Pública.
“Honestamente creo que lo más difícil ni siquiera es eso, sino trabajar con distintas personalidades… muchas veces uno tiene que aplicar toda la psicología posible para explicar cuál es la función de mi trabajo.”

Muchos te ven como referente, ¿cómo te relacionas con tu comunidad en redes y qué rol crees que cumple Instagram en la construcción de tu trabajo?
Para Camila, hoy el trabajo de maquillador está profundamente ligado a las redes sociales. Instagram funciona como una vitrina donde no solo se muestra el trabajo, sino también la persona detrás de él.
“Hoy en día nuestro trabajo no puede estar desapegado de las redes sociales… nos están viendo clientes, marcas y colegas. Entonces es un espacio que funciona como una vitrina.” Con el tiempo decidió usar ese espacio con honestidad, mostrando también sus opiniones y posturas. “Decidí que iba a ser transparente y que si alguien me contrataba, iba a contratarme sabiendo también quién era yo, no solamente conociendo mi trabajo.”
Sin embargo, reconoce que las redes también generan expectativas poco realistas y relaciones parasociales con seguidores que sienten cercanía aunque no exista un vínculo real. Aun así, uno de los aspectos que más valora de su comunidad es la red que ha construido con sus exalumnos, quienes hoy forman parte importante de su círculo profesional.
“Son una red de contactos, son la gente que yo llamo a trabajo, la gente que recomiendo cuando me preguntan.”
Si tuvieras que elegir un mensaje para quienes están empezando en maquillaje o creatividad visual, ¿cuál sería?
Para Camila, dedicarse al maquillaje en un contexto como el latinoamericano ya es, en sí mismo, un acto de valentía. “Creo que lo primero que les diría es agradecerles. Gracias por atreverse. Hay que ser valiente para trabajar en un espacio tan poco convencional en un país y en un contexto como este.”
También insiste en la importancia de la paciencia en una industria donde muchas veces las redes sociales prometen resultados rápidos. “Es un trabajo que requiere tiempo… las cosas se cosechan lento. Muchas veces nuestro trabajo no va a tener los likes que esperamos, pero alguien lo está viendo y tienes que ir trabajando lentamente en lo que tú crees.”
Finalmente, hace un llamado a valorar el propio oficio.
“Hay que cobrar lo justo, hay que cuidar el medio, hay que cuidar nuestro trabajo, nuestra inversión, nuestro tiempo y nuestro cuerpo.”
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Conversar con Camila Huerta es recordar que el maquillaje no es solo técnica o tendencia, sino también sensibilidad, comunidad y oficio. A lo largo de su trayectoria, su trabajo evidencia una búsqueda constante por equilibrar el servicio, la creatividad y el respeto por quienes habitan este rubro.
Como maquilladora formada y ejerciendo desde 2017, sé que este oficio se construye con práctica, generosidad y redes. Por eso, también es importante abrir espacios para escuchar y visibilizar a personas que trabajan con tanto compromiso y amor por lo que hacen.
Agradezco a Camila por darse el tiempo de compartir su experiencia, sus reflexiones y su mirada sobre el maquillaje contemporáneo e invito a seguirla en redes sociales!💖 Conversaciones como esta nos recuerdan que, detrás de cada rostro intervenido, hay también una historia, una comunidad y un oficio que sigue creciendo.






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