Las mujeres constituyen la mitad de la población mundial y el deseo de muchas estas de ser madres depende no solo de no sentirse preparadas o inseguras, estar económicamente dispuesta o tener una pareja, sino que esta oportunidad depende mucho de la realidad y circunstancias fisiológicas que la vida le plantea a cada una de ellas.
Por Jabiela Reguera Chao.
Una de cada 5.000 féminas presenta el síndrome de Mayer-von Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH), una anomalía congénita del aparato reproductor femenino que muestra agenesia vaginal, o sea un trastorno poco frecuente que se produce cuando la vagina no se desarrolla y es posible que el útero se desarrolle de manera parcial o ninguna, con un funcionamiento uterino voluble, encontrado un útero rudimentario o inexistencia completa de este.
De igual forma, hay casos en que los ovarios y su funcionamiento son normales. Tratándose de un trastorno multifactorial, en estos casos, las adolescentes presentan un desarrollo puberal normal, excepto por la ausencia de menstruación la cual produce que muchas veces se busque contar con la opinión y atención de expertos.
Se suele diagnosticar entre los 15 y 18 años gracias a una ecografía o resonancia magnética. Sumado a un examen ginecológico básico. Con un alto grado de duda para obtener el diagnóstico precoz de este padecimiento, las pacientes diagnosticadas anteriormente a la pubertad, habitualmente son evaluadas de manera secundaria, luego de estudios por distintos problemas de salud al nacimiento o la niñez. También, el diagnóstico consigue ser tardío por la existencia de tabúes sociales.
Las dificultades que enfrentan las jóvenes al inicio del diagnóstico se ven reflejadas en las relaciones sexuales, a nivel emocional, en temas de identidad y dudas sobre sí misma. El efecto psicosocial que el dictamen del síndrome implica, requiere de sostén psicológico, farmacológico y de métodos para la correcta orientación para la mujer como para los demás miembros de la familia, esto por el hecho de las consecuencias en varias esferas de la vida de estas mujeres.
“No hay ninguna manera de prevenir la enfermedad, es congénita. Por ello la cirugía como tratamiento es la única solución con muy buenos resultados, salvo que no le moleste no tener vagina y sus consecuencias”, afirma Ricardo Acuña, cirujano urólogo del Hospital Exequiel González Cortés. Habiendo realizado varios de este procedimiento, explica que la creación de una vagina con sigmoides (procedimiento que consiste en utilizar una sección del intestino grueso terminal y así rehacer un vagina) es una técnica quirúrgica con sublimes resultados y respectivamente escasas dificultades que ha confirmado una conforme aceptación por parte de las pacientes. Siendo aproximadamente dos al año los casos que se presentan a operar en el hospital donde trabaja.
Isabel Santiesteban de 26 años se sometió a cirugía el 27 de septiembre del 2013 “mi familia fue mi apoyo principal, todos me apoyaron y estuvieron al cuidado psicológico, emocional y social en especial mi mamá, ella siempre estuvo en cada consulta, en la estancia en la clínica, en la recuperación, ella nunca me dejó sola. Sentí mucho amor por parte de mi familia”. Con el plan de que pronto formará una familia producto de la ayuda por parte de un miembro de su familia para llevar a cabo el embarazo.
Antes del inicio de cualquier terapia o procedimiento se debe cerciorar de que la paciente está preparada psicológicamente, realizando si se estima conveniente alguna opinión psicológica por parte de expertos.
Aunque la infertilidad es una de las secuelas más complejas de confrontar, el buscar apoyo en grupos relacionados con la enfermedad y sentirse cómoda en un ambiente empático ha mostrado grandes beneficios.


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