¿Canciones infantiles con significados políticos escritas y cantadas en plena dictadura militar? Sí, y la autora también es la razón por la cual hoy en Argentina se celebra el día del perro salchicha. Así de multifacético y descabellado fue el repertorio de María Elena Walsh, quien nació en Buenos Aires hace 95 años.
Tuvo el descaro de ser lesbiana, feminista, inquieta, crítica y analítica, vociferando sus ideas al son de una osada socarronería e inteligente sarcasmo, con la palabra como su mejor instrumento de denuncia.
Por María Dolores Dominguez
No en cada uno – porque el acceso no está disponible para todos – pero sí en una abrumadora cantidad de hogares argentinos, se sostienen con entereza bibliotecas, repisas, estanterías, cajas y cajones en los que reposa, al menos, un libro en cuya colorida portada se lee el nombre de “María Elena Walsh”. Si no estás familiarizado con ella, tengo el deber de introducirla, el problema es que sería soberbio de mi parte asumir que puedo cumplir con esa tarea porque siempre voy a quedarme corta con las palabras.
Empecemos por el principio, María Elena nació el 1 de enero de 1930 en Villa Sarmiento, partido de Morón, ubicado en la provincia argentina de Buenos Aires. Desde los 15 años ejerció la profesión de escritora y publicó en revistas emblemáticas de la época y también en el diario La Nación.
Luego, fue sumándole más caras a su perfil: cantautora, novelista, poetisa, compositora, guionista y presentadora de televisión. En cada una de sus obras – mayormente dirigidas al público infantil – quedó impresa su personalidad transgresora y sus convicciones políticas. No existió una separación entre sus ideas personales y su carrera profesional.

La presencia de este leitmotiv incluso en las producciones infantiles puede que resulte compleja. De hecho, lo es, porque los mundos disparatados y los personajes peculiares que supo construir estaban lejos de ser obvios, explícitos y unidimensionales.
Por el contrario, se dirigió a las niñeces respetándolas como sujetos de derechos y concibiéndolas como seres pensantes, por eso nunca escatimó el uso de palabras grandes, complicadas y ricas. Amadrinó no sólo a las infancias de su época, sino que logró atravesar generaciones, tal es así que aún hoy resuenan sus canciones – con su voz o la de nuevas interpretaciones – en los jardines de infantes de todo el país.
Su fiel y apasionada militancia por la democracia, la educación sexual, la igualdad de oportunidades y la erradicación de la discriminación, fueron temas concurrentes y transversales que abrazó en todas sus creaciones hasta su muerte en 2011. En algunos lugares como en la canción “Requiem de Madre” (1972) o en la columna “Sepa usted por qué es machista” (1980), este prontuario ideológico se vislumbra de forma directa. Incluso se atrevió a grabar la canción “Los Ejecutivos” (1968) en la que apunta contra los hombres poderosos cuando el gobierno estaba ocupado por el dictador Onganía. En donde la obviedad puede escapársele a los lectores – tanto grandes como chicos – es en el espacio que más enriqueció: el mundo del arte infantil.
Con ritmos pegajosos y un vocabulario amplio, construyó críticas filosas bajo la fachada de narraciones absurdas. Así fue como en “El Reino del Revés” (1960/1963) habla de un país en el que las cosas no funcionan como es esperable, sino que todo es excéntrico y se aleja de las leyes naturales y de la lógica: “me dijeron que en el Reino del Revés nadie baila con los pies, que un ladrón es vigilante y otro es juez y que dos y dos son tres”.
Por otro lado, “El twist del Mono Liso” fue una de sus tres canciones que la última dictadura argentina (1976-1983) prohibió por considerar impropia ya que hablaba de una naranja que desafiaba toda forma de control y autoridad, lo cual fue visto como peligroso para la mente de los oyentes.
Como atinó a describir la escritora y periodista Laura Ramos, Walsh no cantaba, sino que lanzaba manifiestos políticos. Esa “poesía infantil revela una metáfora profunda, disfrazada acaso de una inteligente simpleza” (González Barroso, 2015, p. 74).
El Brujito de Gulubú, la tortuga Manuelita, el mono Liso, la vaca estudiosa y la Reina Batata son algunos de los más reconocidos, queridos y recordados personajes de Walsh, a través de cuya caricaturización nos invita a imaginar, inquietarnos, cuestionarnos y tomar conciencia desde el siglo pasado.
Lo mejor de esto es que, a medida que uno crece, siempre puede encontrarse con una MEW distinta y nueva, podemos reinterpretar aquello que parecía inocente y sin sentido y hasta visitar los escritos dirigidos a los adultos. Así, su imagen y nuestra idea de ella se mueven y nos sorprenden como si aún estuviera viva, porque de muchas maneras, siempre lo estará.


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