El domingo 13 de abril el Perú se despidió de Mario Vargas Llosa, quien a los 89 años partió sin su talentosa pluma, pero con su legado literario intacto.
Por Walter Velasquez
Estaba caminando por un parque mientras me llegó un mensaje al WSP. De tantos grupos randoms que pertenezco, se encuentra el de unos amigos gamers que dan la noticia: murió Mario Vargas Llosa.

Lo primero que pensé es que se trataba de una pésima broma o noticia falsa. Dado que mi oficio es siempre corroborar, comencé a revisar la internet y la cuenta de X de Álvaro Vargas Llosa confirma lo impensado: partió don Mario a los 89 años.
El Zeus de la literatura peruana que parecía inmortal y que podría presenciar cómo el mundo se acababa mediante la guerra ocasionada por líderes locos, religiosos, fanáticos, conservadores y extremos tales como sus personajes de La Guerra del Fin del Mundo (a mi humilde criterio su mejor libro), partía dejando en silencio a sus críticos, lectores, haters y seguidores.
Don Mario en lo literario era el país, a lado de Julio Ramón Ribeyro, César Vallejo y Alfredo Bryce Echenique, solo que el conquistó el oro cuando ganó el Premio Nobel de Literatura en el año 2010, cuando uno pensaba que era casi imposible que ese país que aún sostiene esa gran carencia en la lectura podría convertirse en un mundo de descubrimientos en los libros de los mejores autores.
Abogado de profesión pero apasionado por las letras, fue en la Universidad Nacional de San Marcos donde encontró su verdadera profesión, y que a los 24 años, publicó su primer libro de cuentos: Los Jefes, cuya obra se inspira un episodio real que vivió el escritor cuando cursaba el 4º año de media en el Colegio San Miguel de Piura a fines del año 1952.
El cuento narra que el director del colegio, el doctor Marroquín (en la ficción, Ferrufino), decidió arbitrariamente que los exámenes finales no se tomarían según un horario preestablecido, como era costumbre, sino de improviso, de modo que el alumno debía estar preparado en todas las materias o cursos. Ello, como es natural, provocó honda preocupación pues los alumnos temieron salir reprobados en varios cursos.
Mario, junto con su gran amigo, el “gordito” Javier Silva (exministro de Economía y Finanzas ), alborotaron a sus compañeros para rebelarse contra el experimento del director. Celebraron reuniones y una asamblea en la que se nombró una comisión, presidida por Mario, para hablar con el director.
Este los recibió en su despacho y escuchó educadamente el pedido de los alumnos de poner horarios a los exámenes. Pero al final el director les hizo saber que su decisión era irrevocable.
¿Qué vino después? Los mejores libros de nuestra literatura peruana: La Ciudad y Los Perros, La Casa Verde, Conversación en la Catedral, La Fiesta del Chivo, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, La Guerra del fin del mundo, El hablador, El pez en el agua, El sueño del Celta (que coincide con el Premio Nobel) y entre otros clásicos.

Se retiró con Le dedico mi silencio (2023) y pues fue su silencio en el campo literario. Hablar de los premios (que en el fondo es más que reconocimientos) que obtuvo Mario Vargas Llosa son una lista extensa pero la gloria y verdadera apreciación llegó con el Premio Nobel, quien en su momento lo tuvo Pablo Neruda y su examigo, Gabriel García Márquez.
«La literatura nos invita a vivir de nuevo, pero a vivir otra vida, con otros ojos, con otros sentidos. Los totalitarismos, los poderes absolutos y los dogmas ideológicos han siempre temido la literatura”
Mencionó en aquella consagración, sin dejar a lado el tema político, personal y familiar, sin obviar ese pequeño y hermoso tributo a su musa Patricia, su prima, con la que tuvo 3 hijos.
Pero para Vargas Llosa la literatura no era suficiente. Fue en el año 1990, donde decidió incursionar en la política cuando postuló con el FREDEMO para la presidencia de la República; siendo rival de aquel outsider que terminó convirtiéndose en su enemigo: Alberto Fujimori.
Cuando parecía que el Perú iba tener un presidente escritor, Fujimori arrasó y el resto es historia. Si bien su anticuerpo con Fujimori parecía no acabar, sorprendió a más de uno cuando en las elecciones del 2021 apostó por la hija del cual calificó de dictador; Keiko Fujmori.
Las criticas llegaron y más aún cuando comenzó a simpatizar por ciertos políticos liberales y conservadores. Sin embargo, importante precisar que Vargas Llosa vivió casi toda su vida en España, por lo que no era sorprendente sus referencias. Pero tampoco olvidar su corazón peruano y arequipeño.
Él quería a su país, a pesar de las críticas y diferencias, porque al final nadie olvidará ese hermoso reconocimiento en el 2010, donde fue otro peruano que puso el país en el ojo del mundo. Desde ahora cada 13 de abril será un día gris, donde no se espera unos días de lutos o feriados de este Gobierno inservible. Solamente queda decir esto: Gracias por todo, Zeus.
Si te gustó el artículo de Walter Velasquez, no te pierdas Mes del Orgullo


Deja un comentario