Manar

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Donde cada detalle cuenta

Por Jabiela Reguera Chao.

En la vida hay pequeñas cosas que nos dan un vuelco al corazón, visitar un lugar nuevo, una conversación profunda, la brisa y los rayos del sol acariciándote la nuca, tiempo con tu persona favorita, una linda melodía, contemplar la naturaleza, ser tratado y tratar con amabilidad y por supuesto, un helado.

En la Región del Maule, se halla el Lago Vichuquén y a 20 km de este, llegamos a Llico, un pequeño, pero acogedor pueblo, el cual obsequia una de las experiencias más gratificantes del sector, Manar, un lugar donde todos los sentidos se despiertan y uno se conecta otra vez, con el “aquí y ahora”.

Manar despierta en verano todos los días de 11:00 am a las 21:00 horas. En el invierno se modifica un poco, abriendo los viernes de 13:00 a las 18:00 horas y en temporada baja viernes, sábados, domingos y feriados. Con una carta variada, desde pastelería, bebidas, cafés e infusiones y el producto estrella: los helados.

Valentina Ilabaca (Santiago) y Sebastián Rojas (Llico) son una joven pareja que hicieron realidad su deseo de emprender y crecer juntos. Agruparon diversas ideas y hoy ofrecen un servicio de calidad y buen gusto.

¿Cómo nace Manar?

La heladería Manar nace como respuesta a varias razones. Buscar un proyecto nuevo y entretenido que hacer acá en la zona. Detectamos la posibilidad de armar algo original, eso es lo que nos mueve, el hacer cosas diferentes. En Manar somos dos personas las que trabajamos, somos dos socios, mi pareja Valentina y yo. Valentina es una emprendedora innata, ella ha tenido muchos emprendimientos anteriores, algunos relacionados con la heladería, pero este se convirtió en el oficial, el que podríamos decir que nos resultó y el que ha sido exitoso.

¿Cuáles son las alegrías que les ha regalado Manar?

Te diría que tenía en la cabeza un plan de aprovechar el paisaje, los que conocen la heladería sabrán el entorno en el que estamos emplazados. La mayor alegría te podría decir que fue como inesperada, nosotros quisimos ponerle muchísimo cariño a cada detalle de  este lugar y eso se notó y la gente lo agradece. Sabíamos que lo que planeábamos era bueno, pero no podíamos dimensionarlo a cómo lo iba a recibir el público al final. Era muy difícil que nos fuera mal, teníamos un producto de muy buena calidad, vendemos uno de los mejores helados del mundo, el lugar que tenemos es maravilloso, pero no calculamos esa respuesta del público. Nos felicitan muy seguido, y eso es la mayor alegría. Saber que al final se ve reflejado todo el empeño que le pusimos.

En cualquier negocio existen siempre las posibilidades de tener dificultades. ¿Cuáles han sido los desafíos para ustedes?

Yo creo que parte del emprender conlleva siempre muchos problemas y es parte del juego. Por eso son muy pocas las personas que se atreven a emprender y los que ya lo han hecho saben que lo importante siempre está en saber sobrellevarlo y estar preparado, en la medida que se pueda. Tener planes de contingencia ante posibles situaciones que pudieran suceder por el camino, pero de las personas que conozco que tienen negocios, emprendimientos, te puedo asegurar que todos tienen dificultades.

¿Cómo se siente trabajar, para ti, tener un negocio propio?

Se trabaja el doble o el triple que, siendo empleado, pero es muy gratificante porque lo haces con muchas ganas y energía, no hay cansancio de por medio, y de haberlo quiere decir que te está yendo bien, entonces cuando el trabajo es para uno, no pesa, lo haces feliz.

¿Por qué un negocio de helados?

El cómo llegamos a los helados yo creo que fue una mezcla entre el destino y la búsqueda de qué hacer. Valentina ha trabajado en el rubro del turismo, yo igual, pero en otra área, vengo del mundo de las actividades náuticas, me dediqué a hacer clases de surf.  Llegamos a los helados de manera  divertida por Juan José que es el que prepara los helados, el creador de los helados, de “La Obra”, la mejor heladería de Sudamérica, recientemente nombrada y que reside en Curicó.

¡Qué acierto tener ese privilegio! El tener los helados acá, en una localidad como Llico.

¿Cómo surge esa alianza?

Él llega a mi escuela de surf para tomar clases de surf para sus hijas y buscar orientación de la playa, del lugar y por ahí comenzó a salir el tema. Con Valentina buscábamos algo que hacer, Juan José tenía esto de los helados, que yo ya lo conocía de antes, y por ahí nace la idea, o sea, sabía que traer eso de los helados a una localidad como Llico y con el público que tiene era imposible que nos fuera mal, más cuando en el lugar no existía ese nivel de producto.

¿Cuál es el sabor de helado que más piden?

Hay varios, te podría decir que uno de los que más se vende es el “Yogur griego- Guinda ácida”. “Pistacho-Avellana” y “Lúcuma-Merengue-Manjar”, también son de los que se van muy rápido y que personalmente me gustan mucho.

¿Cuál es la clientela mayoritaria que tienen?

Vichuquén, la comuna entera netamente vive del turismo, pero es de un turismo más estacional, de gente que viene a veranear a su segunda vivienda, se podría decir. Entonces, principalmente te diría que, en temporada estival, son ellos.

Nosotros abrimos enero, febrero, todos los días y después abrimos solamente los fines de semana. O sea, el turista de paso, que viene a conocer la localidad por el día, sumado además a los locales, que ven en Manar un panorama que antes no tenían. Venir a disfrutar de un rico helado, de un rico café.

¿Cuál es el secreto que ha dado éxito a Manar?

Te puedo nombrar varios. Digamos, conocer a la perfección al público al que estábamos apuntando, conocer su gusto y su comportamiento, esa fue la clave que nos permitió tomar decisiones muy certeras, de ¿Cómo hacer la heladería? ¿Cómo plantearla? Ello nos permitió al final tener un crecimiento mucho más rápido del que esperábamos.

¿Cómo ves a Manar de aquí a 5 años?

Lo espero ver consagradísimo. Creo que el éxito como te mencionaba anteriormente no lo teníamos, no era parte de algo que esperábamos, no lo supimos cuantificar, lo que debió haber sido en 5 años, lo estamos viviendo.

¿Sólo tienen a Manar?

Bueno, todos nuestros clientes nos piden que nos acerquemos a sus lugares porque hay muchos que vienen del otro lado del lago y les gustaría tener una opción más cercana.

Le hemos dado vuelta, pero estamos por el momento enfocados en seguir mejorando este local que se trae varias sorpresitas todavía.

¿Una curiosidad que nadie sepa?

Uh, te podría decir que, sin quererlo, este lugar yo lo veía hace 20 años atrás. Siempre pensé que este lugar tiene demasiado potencial y es perfecto. Tomar un café con esta vista era algo que a mí me mataba. Entonces, pensar en alguien que viene por primera vez y se va a tomar un helado y un cafecito con esa vista debe ser mejor aún.

También, toda la loza que tiene Manar la hizo mi mamá, que está hecha en greda, extraída acá de la tierra de Vichuquén, trabajada toda por ella.

¿Por qué Manar?

Manar es sinónimo en español de la palabra fluir, pero es muy poco conocido.

Entonces viene de ahí porque uno de los emprendimientos que tiene mi socia Valentina es que ella hacía antes una granola que se llamaba Manar, para efectos prácticos, decidimos darle continuidad a eso que ya estaba armado.

Si Manar pudiera hablar, ¿qué diría?

Estoy feliz.

En tres palabras, ¿qué es Manar?

En tres me la pone difícil, pero como un eslogan que a veces utilizo por ahí. Manar es un rincón imperdible en el corazón de Llico que tienes que conocer.

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