Reescribiendo el reggaetón y poniendo el sonido urbano del país en el radar global.
Por Lucía Fonseca

Si has estado escuchando reggaetón últimamente, muy probablemente te hayas topado con Sinaka —y no solo aquí en Chile, sino también en plataformas
internacionales como Pitchfork.
Lo que comenzó como una propuesta urbana desde Quilpué hoy es un movimiento musical que está llamando la atención más allá de las fronteras.
Sinaka, cuyo verdadero nombre es Matías Muñoz, está viviendo uno de los momentos más intensos de su carrera. Su álbum El Nuevo Sonido —lanzado en 2025— combina nostalgia y modernidad, recuperando el espíritu del reggaetón clásico de los años 2000 y los 2010 con hooks pegajosos, juegos de palabras y una producción fresca. Esta mezcla le ha valido elogios, incluyendo una reseña destacada en Pitchfork, donde se subraya cómo el chileno
“Canaliza el espíritu del perreo clásico en un reggaetón moldeado por elegantes ganchos y guiado por los giros del rap”.

Para entender por qué Sinaka está resonando, basta ver el fenómeno de su más reciente colaboración: “ALÓ”, con la artista Katteyes. Antes incluso de su lanzamiento oficial, fragmentos del tema se volvieron tendencia en TikTok, anticipando lo que sería su explosión en plataformas. En pocos días, el track llegó a liderar las listas de reproducción en Spotify Chile y se instaló en miles de videos y memes, marcando un regreso potente al sonido nostálgico conocido como y2k —una versión moderna de aquellas vibras urbanas que muchos recordamos con cariño.

Esa nostalgia no es un simple guiño al pasado
Es una estrategia cultural. Al retomar elementos del reggaetón old-school, Sinaka y Katteyes no solo generan una sensación familiar para quienes crecimos con esa música, sino que también rompen con la tendencia dominante hacia lo más experimental o pop dentro del urbano. Es un gesto de respeto por las raíces del género que, al mismo tiempo, suena fresca y adaptada al presente digital.

Con El Nuevo Sonido, Sinaka ha comenzado a proyectar la música urbana chilena en plataformas de crítica internacional, lo que no solo celebra su talento, sino que también abre puertas para que otros artistas del país puedan ser escuchados y reconocidos fuera de nuestras fronteras. En un momento en que la música urbana latinoamericana domina muchas listas globales, ver a un creador chileno recibir atención crítica es una señal poderosa de que la escena local está lista para amplificarse.
Más allá de los números y los rankings
Lo que hace especial a Sinaka es su autenticidad. No busca reinventar el género desde cero, sino recordarnos por qué lo amamos: ese ritmo contagioso, esa vibra perreable y esa capacidad de hacer que cualquiera se mueva al compás de su música.
En 2026 el panorama urbano chileno ya tiene nombre propio en el mapa global, y parte de eso se debe a artistas que no temen mirar al pasado para encontrar nuevas formas de lenguaje musical. Sinaka es uno de ellos, y su sonido sigue expandiéndose, una pista pegajosa a la vez.


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